2012/09/27

7747.- Lloraras y lloraras…

Lágrimas en Miraflores

RUBÉN DE MAYO| EL UNIVERSAL

jueves 27 de septiembre de 2012 12:00 AM

Llorar a chorros./Llorar la digestión./Llorar el sueño./Llorar ante las puertas y los puertos./Llorar de amabilidad y de amarillo./Abrir las canillas,/las compuertas del llanto./Empaparnos el alma,/la camiseta./Inundar las veredas y los paseos,/y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.
Así comienza un conocido poema del poeta argentino Oliverio Girondo, que expresa el desenfado y la entrega que debemos poner en tan natural como liberador acto del llanto, que limpia y desahoga ojos y espíritu ante el dolor, la desgracia y la tristeza, haciendo pareja y yunta con todo lo que nos conmueve desde lo más hondo de nuestro ser.
Bienvenido sea este llanto, pletórico de genuino y desgarrado sentimiento, tanto en la mujer como en el hombre, muy distante de ese otro llanto de utilería, acomodaticio, manipulador y calculador.
El mismo Chávez reconoce la existencia de ese llanto manipulador cuando tildó, hace ya unos seis años, en el 2006, al presidente del Perú a la sazón, Alejandro Toledo, de llorón, porque éste iba a quejarse a la OEA, victimizándose, por la supuesta intervención de Venezuela en apoyo de la campaña electoral de Ollanta Humala.
A pesar de este reconocimiento de la existencia del llanto manipulador y falso, no necesitamos de Chávez para probar su existencia. Desde el antiguo Egipto ha existido la figura de la "plañidera", cuyo oficio consiste en derramar unas cuantas lágrimas por dinero en funerales y entierros.
Este llanto mercenario de la plañidera se hacía en ofrenda de un muerto muy señalado y respetado en la comunidad, y era un símbolo de encumbramiento y prestigio sociales. La plañidera se preparaba cuidadosamente para la ocasión, con pelucas de mucho bulto para jalarse dramáticamente los cabellos en signo de angustia frente al dolor y la desesperación. También acomodaba su voz para los lamentos y sufridos gritos de dolor, mientras pronunciaba pesarosas y tediosas letanías henchidas de fervor religioso. Todo este luctuoso acto donde se derramaban profusas lágrimas pretendía causar emoción y contagiar de tristeza a los circunstantes, constituyéndose en un verdadero espectáculo de chantaje moral.
Así nos sentimos muchos venezolanos cuando Chávez recientemente, en un discurso proselitista dado en Apure, se le quebró la voz por el llanto. Volvió a repetir aquello de "querer caminar por estas calles" (la primera vez lo dijo, hace no mucho, este mismo año, en relación a las calles de Caracas, que él deseaba recorrer), pero ahora eran las del Apure, en una perorata que lucía preparada y condimentada para conmover, con la diferencia que ahora no había nada por lo cual conmoverse. El Chávez que primigeniamente quería, aguantando las lágrimas, caminar por estas calles, las de Caracas en ese entonces, lo decía porque la tenebrosa muerte resollaba en su cuello y él deseaba apasionadamente aferrarse a la vida; su llanto contenido era sincero, había honestidad, así lo sentimos todos, chavistas y opositores. Pero ese llanto del discurso de Apure porque él quería ser libre de nuevo, pasear y parrandear como antes, pero ya no podía por el opio del poder al cual no podía renunciar, cual adicto y enfermo a la droga de dar órdenes y a que se le obedezca, nos pareció patético y bochornoso. ¡Qué soberbia la de este hombre al creerse imprescindible!
Acostumbrados a llorar, podemos distinguir la lágrima por dinero (y miren que se maneja mucho desde Miraflores, de ahí las lágrimas), el llanto mercenario, hipócrita y afectado de la "plañidera", para manipular y conmover intencionadamente, del llanto natural y sentido (que tanto a Escarrá como a todos nos sensibiliza), ése que se vive a solas, por mucho que se esté en compañía, como la experiencia íntima y fatal de la muerte. Llore usted, caudillo, pero si lo va a hacer, siga el consejo de Oliverio Girondo: hay que "llorarlo todo, pero llorarlo bien".
Twitter: @rubdariote
rub_dario2002@yahoo.es

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