2016/08/18

263712.-Malaria en Venezuela

La malaria se esparce por Venezuela en medio del colapso económico
La búsqueda desesperada de oportunidades sacó la malaria de las remotas minas de la selva donde sobrevivía en silencio, y volvió a diseminarla por el país a niveles que no se veían desde hacía 75 años.
Por NICHOLAS CASEY 16 de agosto de 2016

MINA ALBINO, Venezuela — Cuando Reinaldo Balocha volvió a enfermarse de malaria por duodécima vez, no descansó para nada. Aún con la fiebre sacudiendo su cuerpo, se echó el pico al hombro y regresó a trabajar en la mina ilegal de oro donde pica piedras.
Balocha, un técnico en computación, no encajaba en el trabajo de las minas; sus manos suaves solían golpear el teclado, no la tierra. Sin embargo, la economía de Venezuela colapsó a tal grado que la inflación anuló su salario, y con él sus esperanzas de conservar una vida de clase media.
Es por eso que Balocha —al igual que decenas de miles de personas de todo el país— viajó hasta estas pantanosas minas a cielo abierto en busca de un futuro.
Aquí se encuentran meseros, oficinistas, taxistas, profesores universitarios y hasta funcionarios públicos que están de vacaciones y salen a cribar oro para el mercado negro, bajo la supervisión de un grupo armado que les impone tarifas y los amenaza con amarrarlos a los postes si desobedecen.
Esta es una sociedad en crisis, un lugar donde la gente educada abandona los cómodos trabajos que tienen en la ciudad por duros y peligrosos trabajos en canteras lodosas, desesperados por lograr que el dinero les alcance. El costo es elevado: la malaria, durante mucho tiempo contenida en la periferia del país, ha regresado para vengarse.
Venezuela fue el primer país del mundo en acabar con esta enfermedad en sus zonas más pobladas; lo hizo en 1961, mucho antes que Estados Unidos y otros países desarrollados, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Fue un gran logro para una pequeña nación, una acción que allanó el camino para el desarrollo de Venezuela como potencia petrolera y alimentó las esperanzas de que fuese un modelo que ayudaría a erradicar la malaria en todo el mundo.
Desde entonces, el mundo ha dedicado enormes cantidades de dinero y de tiempo para erradicar esta enfermedad. En los últimos años, se ha logrado reducir un 60 por ciento las muertes en los lugares donde la población sufre de malaria, según la OMS.
Pero en Venezuela, el reloj marcha hacia atrás.
El colapso económico del país ha traído de regreso esta enfermedad; la sacó de las remotas minas de la selva donde sobrevivía en silencio, y volvió a diseminarla por todo el país a niveles que no se veían desde hacía 75 años, según los expertos.
Todo comienza en las minas. Por la crisis económica, al menos 70.000 personas de todos los estratos sociales han visitado esta región minera desde el año pasado, asegura Jorge Moreno, un médico venezolano experto en mosquitos que actualmente trabaja cerca de las minas. Miles de personas se están infectando a medida que aumenta la explotación de oro en pozos llenos de agua, que son el caldo de cultivo perfecto para los mosquitos que transmiten malaria.
Luego, cuando ya tienen el parásito en la sangre, las personas regresan a sus casas en distintas ciudades de Venezuela. Por la crisis económica a menudo no hay medicinas y la fumigación es escasa, entonces la malaria enferma a decenas de miles de personas y causa la desesperación en ciudades enteras.
“El oro hizo que este lugar se volviera atractivo; provocó una gran migración y, en consecuencia, la diseminación de la malaria”, explicó Moreno. “Con la crisis llega esta enfermedad que se agudiza con las malas condiciones”.
Una vez que sale de las minas, la malaria se propaga rápidamente. A cinco horas de distancia, en Ciudad Guayana, un antiguo enclave industrial donde hay muchos desempleados que se han dedicado al trabajo en las minas, un grupo de 300 personas llenaba la sala de espera de una clínica en mayo. Todos tenían los síntomas de la malaria: fiebre, escalofríos y temblores incontrolables.
No había luz porque el gobierno había racionado la energía para ahorrar electricidad. No había medicinas porque el Ministerio de Salud no las había entregado. Los médicos hacían pruebas de sangre con las manos desprotegidas porque ya no tenían guantes.
Maribel Supero abrazaba a su hijo de 23 años que temblaba sin poder hablar. José Castro sostenía a su hija de 18 años que gritaba. La doctora Griselda Bello movía sus manos con un gesto de impotencia y le decía a otro paciente que esperara un poco más. Las pastillas se habían acabado y no había nada que pudiera hacer.
“Regrese mañana a las 10 de la mañana”, le sugirió al enfermo.
“Ay, Dios”, respondió el paciente. “Uno se podría morir de aquí para allá”.
“Sí, efectivamente”, confirmó la especialista.
En la población vecina de Pozo Verde, los habitantes dijeron que la malaria había llegado después de que los mineros comenzaran a regresar enfermos a sus casas, y los fumigadores del gobierno desaparecieron hace dos años. Hoy, el colegio secundario público se ha convertido en una incubadora: desde noviembre de 2015, la cuarta parte de sus 400 estudiantes se contagiaron de malaria.
“Se podría pensar que íbamos a hacer algo: acordonar la escuela o declarar la cuarentena”, dijo Arebalo Enríquez, el director de la escuela, quien contrajo malaria junto con su esposa, su madre y siete miembros más de su familia.
Oficialmente, la propagación de la malaria en Venezuela se ha convertido en un secreto de Estado. El gobierno no ha publicado informes epidemiológicos sobre la enfermedad durante el último año y afirma que no hay crisis.
Sin embargo, el informe más reciente que The New York Times obtuvo de médicos venezolanos confirma que se está produciendo un repunte de la enfermedad. Según ese documento, el año pasado los enfermos de malaria se incrementaron en un 56 por ciento, alcanzando una cifra de 136.000 casos.
Foto cola de espera para atención médica

La enfermedad se ha expandido rápidamente por todo el país; ahora hay casos en más de la mitad de los 23 estados. Entre las cepas presentes se encuentra la Plasmodium falciparum, la forma más letal y grave de la malaria.
“Es una situación de vergüenza nacional”, dijo José Oletta, exministro de Salud de Venezuela que vive en Caracas, donde los casos de malaria también están apareciendo ahora. “Yo veía este tipo de casos cuando era un estudiante de medicina, hace medio siglo. Esto me duele. Esa enfermedad había desaparecido”.
En El Dique, una población rural donde la malaria no se conocía hasta hace dos años, Juana García, de 66 años, estaba sentada afuera de su casa. Había enviudado recientemente, porque su esposo contrajo la enfermedad y murió. Prácticamente no hablaba ni se movía de la silla.
“Ella va a seguir luchando”, aseguró Ana María Padrón, su hija.
En la casa de Padrón, sus dos hijos también combatían la malaria. La fiebre comenzó en la mañana: a las 8 en el caso de Omar, de 8 años; y a las 11 empezó con fiebre Arístides, de 7 años. La familia no había encontrado ninguna medicina. Los niños solo habían recibido analgésicos.
“Estamos rezando”, dijo la madre.

La tentación del oro

Las minas ilegales están desperdigadas a lo largo de decenas de kilómetros; van dejando un tramo marcado de viruelas en la tierra, donde la selva se abre para dar paso a innumerables cráteres y cicatrices.
Algunas operaciones mineras tienen el tamaño de pequeñas piscinas donde dos hombres tamizan el barro con cacerolas, como si fuese una escena sacada de las explotaciones de yacimientos auríferos que se realizaban en California hace más de un siglo. Otros drenan anchos pantanos con enmarañadas redes de tubos y bombas. En otro lugar, cientos de buscadores de oro hurgan la tierra roja y blanca en una excavación que tiene 15 pisos de profundidad y la longitud de un campo de fútbol americano. La llaman Cuatro Muertos.
Esto no debería suceder. En el pasado las reservas de oro fueron controladas por una empresa canadiense antes de que el presidente Hugo Chávez la expropiara y se comprometiera a utilizar sus recursos para financiar su revolución socialista.
Pero esa operación siguió el mismo patrón de mala gestión y abandono que muchas otras expropiaciones durante la era de Chávez. Eventualmente el Estado abandonó el territorio alrededor de la mina, y sus beneficios potencialmente lucrativos. Los explotadores de oro se apoderaron de la zona, y también llegaron los grupos armados que se hacen llamar la ley.
Pero al menos hay comida.
Foto medico pinchando oreja


Mientras el país se convulsiona por la escasez de comida y los disturbios, mientras las multitudes hambrientas saquean las tiendas, los restaurantes y las panaderías, el pueblo minero de Las Claritas, a corta distancia de la mina Albino, vive en relativa abundancia.
Los restaurantes ofrecen menús completos. Los mercados callejeros están llenos de frutas y llegan camionetas cargadas de calabazas. En un país donde escasea el jabón, se venden una docena de marcas distintas en una tienda cuyos propietarios son chinos, también ofrecen siete modelos de televisores con pantalla plana. Los mineros desembolsan gordos fajos de billetes, producto de sus ganancias por el oro, y los pasan por una máquina contadora.
La promesa de una Venezuela diferente, un país donde haya suficiente comida y trabajos bien pagados, llevaron a Yudani González a abandonar sus estudios en Ciudad Bolívar, la capital del estado Bolívar, donde ha aumentado el desempleo. Se marchó para dirigir un desvencijado campamento en la selva donde cocina para los mineros con una mano y cuida a dos niños pequeños con la otra.
“Aquí puedes salir adelante”, dijo González mientras bañaba a su hija de dos años en un balde de plástico al mismo tiempo que cocinaba.
Danneris Flores, una empleada del gobierno que tiene un segundo trabajo como cocinera de un campamento minero, se sentó cerca. Flores es asistente administrativa en una clínica estatal de salud, pero la moneda venezolana ha caído tanto que su salario es apenas de un dólar al día, según el valor actual de la divisa en la calle.
Así que pidió vacaciones y las usó para trabajar un par de semanas en las minas.
Su cuñado trabaja para PDVSA, la petrolera estatal, y hace lo mismo. Flores cuenta que al trabajar por un corto periodo en las minas gana dos veces su salario mensual. Contaba los días que le faltaban para regresar a casa y ver a sus tres hijos.
“Nunca imaginé que trabajaría en una mina”, le comentó a González, mientras servían la comida. “Antes las personas pensaban en ir a la escuela”.
Un minero entró a saludar a las mujeres y dijo que recientemente había visto a alguien morir de malaria. González comentó que había sufrido la enfermedad en cuatro ocasiones. Su hijo, de cuatro años, ha contraído malaria en tres oportunidades.
“Te cobran dos gramos de oro por la medicina”, explicó. “Tú pagas lo que te pidan”.
No todos pueden encontrar la medicación, a pesar de las ganancias del oro.
Hace unos días, José Yoel Castillo se tambaleaba en la entrada de la clínica de malaria en Las Claritas; cargaba en sus hombros a dos familiares mientras convulsionaba y no podía hablar.
FOTO MUESTRAS DE SANGRE

Castillo se ganaba la vida en la población de Caicara del Orinoco llevando pasajeros en la parte de atrás de su motocicleta. Pero un grupo armado le quitó la moto y Castillo no pudo comprar una nueva.
Así que se vino a las minas. Rápidamente consiguió trabajo y dinero, incluso para comprar la medicina contra la malaria la primera vez que se enfermó. Sin embargo, cuando los síntomas aparecieron por segunda vez, no pudo encontrar el tratamiento en ninguna parte.
“Algunas personas pueden seguir trabajando y superarlo”, dijo su cuñado, Alejandro López. “Pero otros no”.
Incluso con dinero en los bolsillos, los mineros conocen los peligros de regresar a casa.
Josué Guevara, de 20 años, abandonó sus estudios en ingeniería industrial para venirse a las minas. Alguna vez se imaginó como director de Alcasa, la compañía estatal de aluminio. Sin embargo, dijo, sus familiares que trabajan allí apenas podían comprar comida.
“Ahora tengo otras metas”, aseguró, parado sobre el borde del cráter de la mina Cuatro Muertos, donde ahora vive y trabaja.
Usando gasolina y otros químicos para extraer el oro, Guevara gana 500.000 bolívares (cerca de 500 dólares en el mercado negro) durante una buena racha de dos semanas, lo que equivale a 75 veces el salario mínimo. Sin embargo, cuando este verano contrajo la malaria, hizo lo mismo que otros mineros: regresó a casa para recuperarse y llevó la enfermedad consigo.
“Todo tiene sus riesgos”, dijo.
Del otro lado de la mina, Pedro Pérez, de 38 años, se sienta en una estructura hecha con tres postes y un toldo donde duerme con otros diez mineros. En marzo dio positivo de malaria dos veces. La tercera vez ni se molestó en que le hicieran la prueba.
“Estaba recostado y sentía los mismos síntomas”, relató.
Él también regresó a su casa en Ciudad Bolívar, donde su madre se contagió de malaria. “Nosotros llevamos la enfermedad”, dijo Pérez. A veces recuerda su vida antes de llegar a las minas durante el otoño pasado: era supervisor en una refinería estatal de metal.
FOTO MARIBEL SUPERO

También era dueño de una casa con cuatro habitaciones y dos baños, así como de un Ford Focus 2005. Junto con su esposa, que es abogada, solía viajar a Margarita, una isla tropical en la costa norte de Venezuela.
Sin embargo, antes de que perdiera su trabajo el año pasado, la caída de la moneda venezolana había reducido el valor de su salario a unos 26 dólares mensuales. Finalmente dejó su casa para ir a la mina.
“No me acostumbro a bañarme en un río de agua sucia”, dijo. “Creo que antes tenía una buena vida”.
Hace unas semanas, su esposa vino a Las Claritas para comprar provisiones como comida y jabón que no encontraba en Ciudad Bolívar. La pareja pasó tres noches en un hostal de los mineros. Después de que su esposa se fue, Pérez sintió las tensiones en su matrimonio.
“’Sé que es difícil para ti’, le dije, ‘pero tenemos que aceptar esta nueva realidad’”, contó Pérez.
En Las Claritas, sentada en la mesa de un oscuro burdel que olía a alcohol, estaba Angélica, una joven de pelo negro cuyos padres no saben que es prostituta. Hace tres meses dejó la ciudad de Maturín, cuando comenzaron a estallar los disturbios por la escasez de comida.
“Antes tenías que hacer fila durante horas, pero algo conseguías”, relató Angélica, que no quiso dar su apellido. “Pero ahora ya no queda nada allá”.
Hoy gana el equivalente a 40 dólares cuando un minero quiere pasar la noche con ella. Lo más común es que el dinero llegue en cuotas de a ocho dólares, que es lo que gana cuando un cliente quiere tener sexo e irse enseguida.
A veces, cuenta, puede llegar un cliente que tiembla de fiebre y no puede hacer nada porque tiene malaria. Otras veces es el dueño de una de las tiendas chinas. Los hombres vienen de todos los rincones del país.
“La parte más difícil de esta vida es estar con alguien a quien no amas”, dice.

El regreso de la malaria

Venezuela solo vivió su auge después del declive de la malaria.
Era la década de 1920 cuando se descubrieron los yacimientos masivos de petróleo que desencadenaron una bonanza económica.
Por ese entonces dos tercios de Venezuela estaban muy afectadas por la malaria, una situación que se interponía entre el país y su riqueza. Más tarde esas tristes escenas fueron inmortalizadas en Casas muertas, una novela de 1955 escrita por Miguel Otero Silva en la que se cuenta la historia de las muertes provocadas por la malaria entre los trabajadores petroleros que luchaban por sobrevivir.
Liberar a la nación de la malaria se convirtió en un tema central para el desarrollo de Venezuela, aseguró Oletta, el exministro de Salud.
“Solo después de que la malaria se fuera podían llegar los caminos y la industria”, afirmó. “Era un país enfermo y, cuando se recuperó, las cosas cambiaron”.
Esta tarea transformadora fue liderada por Arnoldo Gabaldón, el exministro de Salud que inició uno de los primeros esfuerzos a gran escala para erradicar la malaria y se convirtió en héroe nacional.
Varios equipos construyeron canales de irrigación en las zonas rurales de Venezuela para drenar las pozas de agua estancada y construyeron casas de hormigón para que los mosquitos tuvieran menos sitios donde reproducirse. Gabaldón fundó un centro de investigación en la ciudad de Maracay para ampliar la misión y capacitar a funcionarios de América Latina y África, entre otras regiones.
Sin embargo, fue el uso de insecticidas —inicialmente DDT y otras sustancias— lo que comenzó a revertir la situación. Las paredes de casi todas las casas rurales fueron rociadas, una técnica que mataba a los mosquitos cuando estos se posaban a descansar. Los fumigadores dejaban un sobre con la fecha en que volverían. Para 1949, las muertes por malaria habían descendido drásticamente: de 300 por cada 100.000 personas a solo nueve.
Foto carlos fREYDEL

Cuando Hugo Chávez asumió la presidencia, 50 años después, y comenzó a hacer realidad su visión del socialismo para Venezuela, el sistema creado por Gabaldón se había desvanecido hacía mucho tiempo,(NO ES CIERTO, existia el Servicio de Malariología),aunque parecía que la malaria seguía confinada a algunas zonas rurales. Sin embargo, la reestructuración de la economía durante el gobierno de Chávez y sus seguidores, junto con la creciente dependencia de las ganancias petroleras y la instauración de un sistema de control sobre las divisas que restringía los dólares, cambiaron esa situación.
En 2014 y 2015, cuando los precios del petróleo colapsaron y el gobierno batalló para conseguir dinero y pagar alimentos, servicios e importaciones, hubo gran escasez de cloroquina y primaquina, dos medicamentos para combatir la Plasmodium vivax, una cepa que produce malaria crónica.
En 2016, los médicos aseguran que hay escasez de casi todos los fármacos para combatir la malaria, sobre todo de un coctel de medicamentos para contrarrestar la Plasmodium falciparum, una cepa mortífera cuyo remedio apenas cuesta un dólar por dosis.
Leopoldo Villegas, un experto internacional en malaria que se encuentra en Bangkok, aseguró que el gobierno también dependía de métodos poco actualizados, como el rocío de insecticidas al aire libre, lo que tiene poco efecto en los mosquitos de malaria. Aseguró que no sabe por qué usan este procedimiento. Y como no hay informes epidemiológicos de nuevos casos de malaria, no se sabe cuánta medicina se necesita.
Gustavo Bretas, un experto brasileño en malaria, afirma que en el pasado Venezuela capacitó a los expertos de toda la región en la prevención de la malaria. Sin embargo, su incapacidad para contener este brote implica que ahora está desempeñando el papel contrario: es una amenaza para los países que lo rodean, particularmente Brasil, donde también hay minas de oro ilegales.
“Está comenzando a diseminarse por los países vecinos”, dijo, y añadió que la falta de estadísticas oficiales hace que sea difícil medir la dimensión del problema.
El Ministerio de Salud de Venezuela no respondió a las peticiones de entrevista, entre ellas una carta que se entregó en sus oficinas.
Oscar Noya ahora trabaja en el viejo laboratorio de Gabaldón en Caracas debajo de una fotografía de su mentor luciendo traje y corbata. En los últimos días los pacientes con malaria volvieron a sentarse en esos escalones; muchos han venido desde las minas. Una mañana hace poco llegaron 15: 12 de ellos dieron resultados positivos en las pruebas de malaria.
Foto pozo lleno de agua

Noya intenta arreglárselas sin medicinas esenciales como el artesunate, que está incluido en la lista de “medicamentos esenciales” de la OMS para el tratamiento de casos graves de malaria Plasmodium falciparum. Solo le quedaban tres dosis y necesita seis para tratar a un solo paciente que presente un cuadro grave.
Una noche reciente un grupo entró en uno de sus laboratorios de malaria y se robó las computadoras. Es uno de los 20 ataques que este año se perpetraron contra el Instituto de Medicina Tropical, dijo Noya. El médico se pregunta si serán personas alineadas con el gobierno.
“Creemos que esto no es más que intimidación porque no nos quedamos callados y no vamos a guardar silencio”, dijo, en referencia a las declaraciones públicas que ha hecho sobre la malaria y la propagación de otras enfermedades.
Noya hizo a un lado las dosis de artesunate, mientras los pacientes seguían llegando. Los miraba con un aire de desesperación. “Gabaldón habría muerto de un paro cardiaco si hubiera visto lo que está pasando”, expresó.

Un orden fuera de la ley

A pesar de la constante rotación de trabajadores que llegan de toda Venezuela, hay un claro orden en las minas. Lo impone un grupo armado conocido como “el Sindicato”.
Uno de los jefes del Sindicato vino a las minas hace unos años a ejercer su profesión original como dentista. Sigue haciéndolo. Sin embargo, los escuadrones de vigilantes que controlan este lugar en sus motocicletas son la verdadera fuente de su riqueza y poder. Lleva cadenas de oro, dos dientes de oro y prendas doradas que le cubren los nudillos.
Después de que el gobierno abandonara la zona, las minas crecieron de nuevo. Esta vez desplegaron un ritmo ingobernable mientras arrasaban el bosque, generando charcos de agua estancada y una población que es presa fácil de los mosquitos, con lo que allanaron el camino para la explosión de la malaria.
El jefe, quien prefiere mantener su anonimato porque podría ser arrestado por las autoridades, dice sentirse orgulloso de la capacidad del Sindicato para llenar el vacío que dejó el Estado. Reconoce que los castigos que aplica su grupo pueden ser espantosos, como dispararle en la mano a un hombre por robar, o amarrar a los postes ubicados a la entrada de la población a quienes delinquen, junto a un letrero que detalla la fechoría cometida.
Sin embargo, argumentó que la disciplina mantenía bajas las tasas de crimen en los campamentos y permitía que los mineros hicieran su trabajo en paz, otro aspecto que se ha erosionado mucho en las peligrosas ciudades de Venezuela.
Foto: prenda de oro en puño

“Esperar justicia de la policía es un chiste”, afirmó. “Tienes que imponer tu propia justicia”.
Eduardo Medina está de acuerdo. Es un ex farmacéutico que hace un año dejó de trabajar en el estado Zulia para dedicarse a la minería porque vio que la crisis económica se agudizaba.
“Puedes salir a cualquier hora y alguien te puede poner una pistola en la cabeza para que le des tu teléfono… o amenazar a tu madre con un cuchillo”, afirmó Medina en su carpa. “Aquí el crimen está controlado. Nos cobran pero también resuelvan los problemas”.
No obstante, la aparente calma es un engaño. Los conflictos se levantan en otros lugares donde los rivales se disputan el control de las minas. En marzo, al menos 17 mineros fueron masacrados en lo que las autoridades creen fue una de estas disputas.
Durante un descanso, Eduardo Medina miraba hacia la mina donde sus compañeros trabajaban.
“En cualquier momento te pueden matar en Zulia”, dijo. “Pero también te pueden matar aquí”.
Según el jefe, en comparación con todos los problemas que hay que enfrentar para mantener el orden, la malaria es el más difícil. “Con la malaria estamos jodidos”, dijo.
La tarea de monitorear la enfermedad parece haberle sido delegada a Miguel Martínez, un funcionario estatal de Salud que trabaja en una solitaria oficina ubicada a corta distancia del burdel de la mina. Allí examina las muestras de sangre de los mineros: bajo su microscopio, una tintura pinta el parásito de malaria de color morado oscuro. El registro que tenía a su lado mostraba que la mitad de los pacientes que lo habían visitado ese día habían dado positivo.
Como muchos trabajadores venezolanos de la salud, Martínez estaba frustrado. “Así como no hay arroz ni frijoles, en este país tampoco hay medicinas”, dijo.
En la mina caía la noche, ese momento en que el mosquito Anopheles comienza a alimentarse. En la oscuridad se oía a los feligreses de una iglesia pentecostés que hablaban como poseídos, y más allá una ruidosa carpa roja y azul que prometía alcohol y cuerpos desnudos.
Cinco hombres martillaban una veta de cuarzo bajo un toldo, la pulverizaban y filtraban para separarla del oro. Otros caminaban con el agua hasta los hombros en pozos llenos de metales pesados, como mercurio; metían tubos para bombear el lodo. Pájaros tropicales volaban a la distancia.
Foto mina 4 muertos

“¿De verdad la malaria viene de los mineros?”, preguntó Aníbal Flores, un minero de 28 años que dormía en una hamaca colgada entre dos columnas, al lado de la mina. “Pero ¿a qué otro lugar podemos ir a buscar dinero? ¿A la ciudad? Allá no hay comida”.
Los venezolanos han tomado el asunto en sus propias manos. A cinco horas de distancia, en El Dique, los residentes recolectaron 100 bolívares casa por casa para contratar a un fumigador que fuera a rociar las calles.
En la mina, donde muchas veces las pruebas de malaria no están disponibles, los mineros dicen que han desarrollado su propio examen: beber dos botellas de cerveza. Según esta prueba, si sienten un dolor agudo en el riñón, donde se alojan los parásitos, el paciente tiene malaria. Las autoridades sanitarias dicen que eso no sirve.
Sin embargo, Balocha, el técnico de computación que trabaja en la mina Albino, está vivo gracias a esa prueba. Los mineros la llaman “la prueba artesanal”. Hace poco había enfermado de nuevo y ahora esperaba los medicamentos en una clínica.
Balocha recordaba las palabras de su tío, quien hace un año lo llamó justo cuando su salario como técnico en computación no valía nada en la ciudad de Valencia. “Aquí hay plata”, le dijo su tío, que estaba trabajando como minero. “Tienes que saber cómo encontrarla”.
Balocha comenzó como “palero”, el trabajo de menor rango, en el que se dedicaba a romper piedras. Ya desde entonces, explica, ganaba más de lo que era su salario en la ciudad después de que la inflación lo disminuyera.
También recordaba la primera vez que tuvo malaria: “Los escalofríos por todo el cuerpo como si estuvieras entre dos bloques de hielo”.
“La primera vez que contraje malaria fue la peor”, dijo Balocha, parado frente al centro de salud donde las personas esperaban su tratamiento. “No puedes controlar los temblores. Sientes que te vas a morir. Te sientes como zombi”.
Sin embargo, dice bromeando, aquí se hará millonario. Cree que algún día se irá a Europa, lejos de las minas, la malaria y el Sindicato.
Balocha miró al cielo y suspiró. “En la mina, la felicidad solo es temporal”.

Patricia Torres y Clavel Rangel colaboraron en este reportaje.


2016/08/12

263709.- El decreto sobre el peculado...

Comprender la Independencia

Bolívar contra la corrupción

25 agosto 2013
Al revisar con detenimiento sus acciones, acompañadas generalmente de decretos y leyes, nos percatamos de un Simón Bolívar que no dudó de la contraloría ciudadana como herramienta básica para erradicar la corrupción y la impunidad en nuestras naciones, calamidades causantes de la pérdida de la moral pública y de nuestros sistemas políticos


En la praxis revolucionaria del Libertador la corrupción administrativa tuvo un duro enemigo, en virtud de ser un mal atentatorio contra la edificación de la república y la concreción de la Independencia.
El principio de la pulcritud en el manejo de la hacienda pública, la creencia en el compromiso moral de los funcionarios del Estado en la gerencia de los fondos del pueblo, y la certeza de la responsabilidad del ciudadano de velar por los intereses del colectivo, fueron columnas vertebrales del pensamiento sociopolítico del hombre de las dificultades a lo largo de su vida ejemplar.
Al revisar con detenimiento sus acciones, acompañadas generalmente de decretos y leyes, nos percatamos de un Simón Bolívar que no dudó de la contraloría ciudadana como herramienta básica para erradicar la corrupción y la impunidad en nuestras naciones, calamidades causantes de la pérdida de la moral pública y de nuestros sistemas políticos.

Documento

Extirpar radicalmente

El 12 de enero de 1824 Simón Bolívar desde Lima, Perú, decretó la pena de muerte para todos los funcionarios públicos corruptos: “Teniendo presente: 1º. Que una de las principales causas de los desastres en que se ha visto envuelta la República, ha sido la escandalosa dilapidación de sus fondos, por algunos funcionarios que han intervenido en ellos; 2º.- Que el único medio de extirpar radicalmente este desorden, es dictar medidas fuertes y extraordinarias, he venido en decretar, y Decreto: Artículo 1º.- Todo funcionario público, a quien se le convenciere en juicio sumario de haber malversado o tomado para sí de los fondos públicos de diez pesos arriba, queda sujeto a la pena capital”.
De esta forma, el Libertador contraatacaba una práctica generalizada enemiga de la causa de revolucionaria. En los sucesivos dos artículos, advirtió a los jueces que no cumplieran con la ley que sufrirían la misma condena, y dio la facultad de poder denunciar los casos de corrupción a cualquier ciudadano. En el 4º y artículo final “se ordena fijar el texto del decreto en todas las oficinas de los puestos republicanos, con el fin de que se cumpla esa ley inmediatamente”.

Concepto

Corrupción

En el ámbito político se define corrupción administrativa como el mal uso o el abuso del poder público para beneficio personal y privado. El tráfico de influencia, el enriquecimiento ilícito, la malversación de fondos, el amiguismo, los sobornos, el nepotismo, la impunidad y otras manifestaciones delincuenciales están vinculadas con la corrupción administrativa y paulatinamente van erosionando las legitimidades de los Estados y los valores democráticos de las naciones.

Personaje

Luis Perú de Lacroix

Nació el 14 de septiembre de 1780 en Montélimar, Francia. Se destacó en el ejército de Napoleón I y Joachim Murat, también participó en la campaña contra Rusia. En 1814 dejó Europa para radicarse en Nueva Granada estando bajo el mando de Luis Aury. En 1823 Perú de Lacroix se hace confidente y mano derecha de Simón Bolívar.
Acompañó al Libertador en durante la Convención de Ocaña, en 1828, y escribió el Diario de Bucaramanga por solicitud suya, fuente primaria de indiscutible importancia para historiadores y biógrafos del hombre grande de América.
En 1829 alcanzó el grado de Comandante General del Departamento de Boyacá y al año siguiente el de General, no obstante, fue perseguido por la reacción antigrancolombiana siendo deportado a las Antillas. Después de una fracasada incursión en la Revolución de las Reformas, en 1835, Perú de Lacroix fue nuevamente expulsado de Venezuela. De retorno a Francia, distante de su familia y de sus bienes tomó la determinación de suicidarse, hecho ocurrido posiblemente en enero de 1837.

Posición

Corrupción o Patria

La convicción de la transparencia en la conducción de los fondos públicos llevó al Libertador a la medida extrema de aplicar la pena de muerte a los delincuentes del tesoro nacional. Simón Bolívar tipificó a la corrupción administrativa como un cáncer contra la estabilidad del Estado, la confianza de las mayorías hambrientas de justicia y la defensa de la soberanía popular. La corrupción administrativa es traición a la patria y por ende, en un país de cambios profundos inspirados en el credo bolivariano hay que ser consecuente con su doctrina, que si bien parte hoy del respeto de la vida, exige mano dura en el marco de un Estado social de derecho y de justicia.
T/ Alexander Torres Iriarte
Este documento es una copia del publicado por "El Correo del Orinoco", Diario del Poder Ejecutivo de la República el 25 de Agosto del 2013.  El último párrafo es esperanzador pero, sin el castigo adecuado, el que pensó El Libertador, no es más que palabras al viento.  Urge la aplicación del Decreto en su total contenido.

263708.- Sola contra el mundo...

jessica-lopez
Diploma olímpico, la mejor latinoamericana de la final de all-around y una inyección de energía para la definición de las medallas en barras asimétricas el domingo. La venezolana Jessica López y el estadounidense Michael Phelps, que ayer logró su segundo oro individual de estos Juegos y  el cuarto en total, están demostrando que en la gimnasia y la natación, sí hay vida más allá de los 30
Eumar Esaá       @eumaresaa 
Jessica López no ganó una medalla en el all-around: esas se las repartieron las estadounidenses Simone Biles y Alex Raisman, y la rusa Aliya Mustafina. Pero la venezolana ganó su propia competencia: la que libra contra los prejuicios que descartan a las gimnastas no adolescentes, y, sobre toda, contra los que creen que va de salida. La psicóloga de la Universidad de Denver llegó más lejos de lo que ella misma se atrevió a soñar, al ser séptima en la final de all-around o concurso general de la gimnasia, para apuntarse el primero de tres diplomas olímpicos que Venezuela aseguró este jueves, sin duda su mejor día en Río 2016.
López, que se había clasificado en el puesto 14 en el Concurso I o fase preliminar, mejoró en todo, menos en las barras asimétricas donde el listón lo había dejado suficientemente alto, y escaló hasta la casilla siete, con un extraordinario 57.966, producto de puntuaciones parciales que se decantaron así: 14.833 en el salto al potro, 15.100 en las asimétricas, 13.800 en el riel de equilibrio y 14.233 en una rutina de piso en la que supo pasar la página de los errores técnicos cometidos en la eliminatoria.
Su entrenador, el brasileño-estadounidense Nilson Moreira, ya lo había prometido: en la final se vería la mejor versión de Jessica, y así fue.
Los otros diplomas olímpicos de Venezuela llegaron en el ciclismo de pista, con el tiempo de 44.263 que dejó a la velocidad por equipos masculina octava en la fase de clasificación, y en el boxeo, cuando Gabriel Maestre se benefició por el retiro del italiano Vincenzo Mangiacapre, bronce en los Londres 2012, quien sufrió una fractura de pómulo en un combate previo y no se presentó a los cuartos de final de los 69 kgs.
En el golf, Jhonattan Vegas no arrancó bien, aunque logró enderezar los tres bogeys cometidos, con sendos birdies en  los hoyos 16 y 18, para terminar con tarjeta de uno sobre par, mientras el líder parcial, en australiano Marcus Fraser, jugó para ocho bajo par.
En el boxeo se despidieron Víctor Rodríguez (56 kgs) y Albert Ramírez (81 kgs), en la natación quedaron eliminados Albert Subirats y Andreína Pinto en sus pruebas estelares (100 m mariposa para él y 800 m para ella), lo mismo que Cristian Quintero en los 50 m libre, en la vela Daniel Flores cayó al 26 en la general de la clase RS:X y en el voleibol de playa, la dupla de Olaya Pazo y Norisbeth Agudo no pudo con Alemania en la lucha por un cupo en octavos de final.
Michael Phelps se apuntó en la natación su segundo oro individual de los Juegos Olímpicos, el de los 200 m combinado individual, su prueba más fuerte, y el cuarto título en total, en una gesta muy parecida a la de Jessica López: demostrando con hechos que todavía tiene con qué enfrentar a rivales 10 años menores que él. Atrás quedaron el japonés Kosuke Hagino y el chino Wang Shun, de 21 y 22 años, respectivamente. Fue la cuarta dorada consecutiva que se apunta en esa prueba, que domina de manera ininterrumpida desde Atenas 2004. Por si fuera poco, se clasificó también a la final de los 100 m mariposa con la quinta mejor marca de la semifinal, 51.58.
Estados Unidos amplió su ventaja en el medallero gracias a la natación, donde Simone Manuel se convirtió en la primera afroamericana que gana un oro en las piscinas para Estados Unidos, compartiendo el título de los 100 m libre con la canadiense Penny Oleksiak, ambas con 52.70, y Ryan Murphy completó el doblete del estilo espalda, al imponerse en los 200 m.
En el rugby, Fiji ganó el primer oro de su historia, y lo hizo en uno de los deportes que se estrenan en el programa olímpico, el rugby 7 masculino, venciendo a Gran Bretaña en la final.
En el judo, Brasil sumó una nueva medalla, esta vez un bronce por intermedio de Mayra Aguiar en los 78 kgs del judo, y se mantiene como el mejor latinoamericano del medallero.
En el tenis, siguieron avanzando Rafael Nadal, Juan Martín del Potro y Andy Murray. El atletismo, que se inicia este viernes, vivió un nuevo escándalo, cuando el técnico keniano John Anzrah fue expulsado por tratar de suplantar al corredor de 800 m Ferfuson Rotich durante un control de dopaje sorpresa.

2016/08/05

263707.- la vuelta al mundo en 21 días...

UN VUELO ALREDEDOR DEL MUNDO EN 21 DÍAS.
Por General de Brigada (Av.) Frank Ramón Lares Rodríguez
Nuestra anécdota se desarrolla en el año 1988 en las instalaciones de la Base Aérea Generalísimo Francisco de Miranda mientras me desempeñaba como piloto del Grupo Aéreo de Transporte Nro. 4. Era un día rutinario del mes de Marzo cuando me informan que al Grupo se le había asignado una misión de transporte aéreo Presidencial muy especial y compleja, la cual establecía que se trasladaría al Presidente de la República Dr. Jaime Lusinchi y su comitiva en su gira desde Japón surcando los cielos del continente asiático y del europeo. Para realizar esta misión primeramente nuestra aeronave debería desplazarse desde la Base Aérea El Libertador, Maracay hasta Tokio y estar operativa para cumplir su misión presidencial recorriendo varios países.
Para tales efectos, se designó a la aeronave Boeing B737-200 FAV 0001 con una tripulación integrada por el personal Fuerza Aérea Venezolana siguiente: mi persona Tcnel. Frank Lares, Tcnel. Luis Amaya Chacón, May. Rafael Quintana Bello (+), Cap. Gustavo Rangel Solano (+), MT2 Henry Quintero, MT2 González Arévalo (el Rocky), ST1 Moraima Rodríguez, ST1 Yajaira Hernández y ST3 Betzabeth Villegas.
De inmediato se empezaron los preparativos de rigor para la misión y despegamos de la Base Aérea El Libertador, Maracay (BAEL), según lo programado y empezamos a surcar los cielos con nuestra estrella alada en el estabilizador horizontal en la cola de nuestro avión. Se estimaba cumplir un itinerario en millas voladas superior a la circunferencia de la tierra en un tiempo menor de 30 días. Nuestro avión sólo podía cubrir unas 2600 millas de vuelo continuo ya que esa era su máxima autonomía de vuelo. Decidimos programar misiones que no excedieran del límite de 2200 millas y tomando también en consideración que se pudiera reabastecer y también tener tiempo para verificar la aeronave y suplirnos de lo necesario para continuar el viaje. Le exprimiríamos el juego al avión pero sabíamos que podíamos lograrlo.
Así que la primera fase de nuestra misión era alcanzar el desplazamiento desde Venezuela hasta Japón. El Presidente Lusinchi volaría en un avión Douglas DC-10 de Venezolana Internacional de Aviación VIASA, desde nuestro país hasta el Aeropuerto Internacional de Narita ubicado en la ciudad de Tokio, Japón y regresaría desde el Aeropuerto Internacional de Milano-Malpensa, Italia, a nuestro país.
De BAEL nos detuvimos a recoger parte de la comitiva oficial en el
Aeropuerto de Maiquetía y despegamos rumbo noroeste. Nuestra primera parada fue del espacio soberano fue en MEXICO en el aeropuerto Juan N. Álvarez de Acapulco, reabastecimos y seguimos con destino a Estados Unidos. Luego nos detuvimos en California, USA, en el International Airport de los Ángeles LAX, pusimos combustible y el mismo día ya estábamos en ALASKA en el Aeropuerto Ted Stevens en Anchorage.
En Alaska mientras aterrizábamos tuvimos la única falla acaecida en todo el vuelo. Los indicadores decían que existía fuego en la Auxiliary Power Unit (APU) Generador interno de corriente y de aire comprimido. Se efectuaron las inspecciones de rigor y se detectó que la falla era el resultado de un indicador defectuoso. Nos aprestamos a efectuar los ajustes de mantenimiento necesarios para seguir la misión al día siguiente. La pernocta en Alaska fue toda una experiencia; un paisaje extraordinario, un silencio solo interrumpido por el viento, un frío paralizante y una autóctona gastronomía. Ese día cenamos una exótica carne de caribú.
A la mañana siguiente y como siempre, tres horas antes del despegue fuimos al aeropuerto para la preparación respectiva del vuelo: combustible, plan de vuelo, todo lo relativo a la navegación aérea y especialmente la parte meteorológica. En los preparativos para despegar del Aeropuerto Ted Stevens en Anchorage - Alaska, revisamos el pronóstico meteorológico, y nuestro meteorólogo de vuelo nos dijo que el techo y la visibilidad estaban justo en los mínimos, lo que nos daría una visibilidad bien escasa y condiciones de vuelo algo adversas, por lo que le pedí al meteorólogo precisión del reporte y le pregunté que si esperábamos que en unas horas mejoraría el tiempo y el dijo sonriendo, "esto será lo mejor que se veremos en días".
Así que empezamos a alistar a los pasajeros y coordinar embarque y luego de algunas horas despegamos rumbo a nuestra próxima parada que sería el aeropuerto militar norteamericano ubicado en la Isla de Adak al oeste de Alaska en la Base Aéreo Naval de Adak (Adak Naval Air Facility). Nuestro vuelo fue de dos horas diez minutos Este destino no fue el que inicialmente se tenía planificado y les narro lo que acaeció sobre este destino: En nuestra preparación primaria de la ruta de vuelo, realizada meses atrás, habíamos solicitado la autorización del gobierno americano para realizar un toque técnico en la Base Aérea de Shemya por ser su localización el punto más intermedio en nuestra ruta de cruce por el Pacifico Norte desde Alaska hasta Japón. Sabíamos que quizás sería algo difícil usar esa localización como parada ya que para el momento seguía la guerra fría entre USA y Rusia y las consideraciones de seguridad eran extremas por parte de los americanos en cuanto a la autorización de vuelos o sobrevuelos en el área. Estas bases eran consideradas como TOP SECRET, con operaciones clasificadas y muchas veces bajo el estricto control de los radares y escuchas. Nuestra solicitud fue enviada y pasaron varias semanas sin obtenerse respuesta. Al final no se autorizó el uso de esa Base sino que se indicó como alternativa el aterrizaje en la Base Naval de Adak (Adak Naval Station).
Este cambio nos retraso el tiempo pautado para cumplir la misión; por lo que nos ubicaría un tanto retirado de lo que mas nos convenía como ruta aérea. Pero no tuvimos otra alternativa que ajustar la navegación y tomar muy seriamente como consideración de seguridad que los vientos polares podían afectar nuestra operación, ya que, aunque estábamos en primavera y las corrientes de chorro o Jet Stream suelen ser menores, estas no dejarían de afectar la operatividad de nuestro vuelo. Teníamos que ganar la lucha contra el viento para lo que necesitaríamos imprimirle más potencia a los motores consumiendo más combustible lo que nos colocaría justo en el límite de la capacidad de los tanques.
Nuestro despegue de Anchorage fue bueno, el día se perfilaba como de un tiempo maravilloso, de buena visibilidad y buen viento, tal parecía que a nuestro meteorólogo el tiempo le había jugado una de las suyas y había cambiado para nuestro beneficio sin embargo al empezar el descenso las condiciones climáticas cambiaron drásticamente y la visibilidad era prácticamente nula. Pasamos de navegación visual a vuelo instrumental (IMC-Instrument meteorological conditions), ya que el tiempo estaba sumamente malo, necesitamos finalizar nuestro vuelo con una aproximación de precisión PAR (Precision Approach via Radar) empleando todos los instrumentos disponibles. La aproximación de vuelo para aterrizaje fue impecable dada la dificultad de las condiciones visuales del campo (on glide path – on course) y ya casi al momento de estar sobre la pista salimos finalmente a campo visual, solo para encontrar un mar blanco de nieve que cubría todo el horizonte. Alcanzamos tierra sin inconvenientes. La pista y los taxiways estaban totalmente cubiertos de nieve y señalizados solo con ramas de pino enterradas en la nieve (que era lo único que soportaba el invierno). Parqueamos el avión en la rampa y estábamos totalmente rodeados por fuerzas de seguridad. Podíamos leer los parches en las bragas de vuelo y en los uniformes de los militares de USA identificaban la base como “BIRTH PLACE OF THE WINDS “.donde nace el viento) y sin duda certificábamos era así. La seguridad era extrema, había militares en todos los techos circundantes con armas de largo alcance en línea directa hacia nuestro avión. Se podía sentir en el ambiente que estábamos en alerta roja. Los pasajeros desembarcaron directo a un autobús y fueron escoltados a un salón VIP mientras solo nos dio tiempo para reabastecer combustible, revisar la meteorología e indicar el siguiente plan de vuelo.
Para las coordinaciones de despegue de Adak, me dirigí, junto con el Mayor Rafael Quintana, a realizar las diligencias propias de las autorizaciones para el despegue. Caminamos hacia el salón de Operaciones de la Base, cercano a la pista, por lo que a cada uno nos asignaron un Marine, que tenía orden de no separarse a más de tres pies de su escoltado. En mi caso personal necesite de ir al baño a orinar y el oficial de seguridad no se separó y le pedí que por favor se apartara y me dijo que negativo y le pregunté si hubiese tenido que defecar que entonces que pasaría y me dijo “sería exactamente igual”.
Regresamos al avión y con nuestros pasajeros a bordo despegamos rumbo a Tokio para volar la segunda pierna más larga de todo el recorrido, unas 2086 millas náuticas, pero con el viento de frente, fue la ruta que más tiempo consumió, casi las cinco horas. Los controladores japoneses constantemente y no menos de diez veces nos preguntaron si estábamos seguros de tener combustible suficiente, y nuestra respuesta mil veces fue que si. Ellos no conocían que nosotros disponíamos de un tanque extra con 15000 libras adicionales, y por eso la razón de su duda porque para cualquier otro B737 ese largo de vuelo sería un suicidio sin combustible. El vuelo era peculiar pues estábamos sobre la misma ruta en la que años atrás cubriera un B747 coreano que fue derribado por los soviéticos, así que nuestros ojos y oídos estaban súper alertas.
Después de largas cinco horas aterrizamos en el aeropuerto Internacional de Narita, Tokio, con una sola novedad: habíamos cruzado la línea internacional de cambio de fecha, el meridiano 180, y habíamos perdido un día de vida como se dice entre pilotos. Por lo demás el viaje fue eficiente y placentero. El avión pernoctó en un hangar destinado a los aviones presidenciales.
Permanecimos varios días en la ciudad de Tokio y tuvimos la maravillosa experiencia de conocer un poco sus costumbres, comidas y sitios turísticos. Nos hospedaron en el hotel New Otani, para la fecha era el hotel más grande del mundo. El Presidente Lusinchi estaba alojado en el extraordinario palacio de verano del Emperador y tuvimos la oportunidad de visitarlo. Es un sitio realmente hermoso y majestuoso.
Ya en continente asiático, nuestro trabajo como el “ Fuerza Aérea Uno" se comenzó con un pequeño vuelo de 30 minutos a la cuidad de Osaka con pernocta. Al día siguiente volamos a Hong Kong 1344 millas náuticas, 01: 30 horas de vuelo, aterrizamos en el viejo aeropuerto Kai Tak que tenía un sistema único de aproximación en el mundo un Instrument Guidence System (IGD), que es un ILS modificado. Ese sistema nos llevó a una aproximación comprometedora contra una montaña y en la altura de decisión (DH) se realizó un viraje escarpado a la derecha para aterrizar visual. Maniobra que superamos sin mayor novedad. Observamos montones de aviones como de 747s, DC-10 que fallaron el aterrizaje y terminaron accidentados contra la pista o con pérdida total y tirados en las aguas laterales de la pista. Eso nos dio ánimo como pilotos pero también sabíamos que cualquier error sería de elevado costo en equipos y quizás en vidas.
Después de varios días en Hong Kong despegamos con rumbo al aeropuerto internacional Soekarno- Hatta en la ciudad de Yakarta, capital de Indonesia en cruce sobre la línea ecuatorial en rumbo sur. Nuestro vuelo esta vez fue de 1769 millas náuticas y 02:15 horas.
De Yakarta volamos al aeropuerto internacional Ngurah Rai en la cuidad de Bali también Indonesia, allí permanecimos un fin de semana inolvidable con la afable y calurosa hospitalidad de sus habitantes, la calidad de sus playas, y lo majestuoso de su arquitectura. Este sitio es un verdadero paraíso tropical.
Nuestro periplo continuó deslizando nuestro avión nuevamente hacia la línea del Ecuador, esta vez hacia el norte, volamos a Tailandia, sobrevolamos Vietnam, Ho Chi Minh y Camboya, y aterrizamos en el viejo aeropuerto internacional de Don Muang en la ciudad de Bangkok con una distancia recorrida de 1256 mn, y 03:00 horas . Una capital hermosa, ubicada entre las márgenes de ríos y canales. Nuestro arribo coincidió con la celebración del carnaval, y estuvimos entre música, fiestas, bailes y otras diversiones. Ellos también se lanzaban agua entre ellos como nosotros, pero sus juegos son más agresivos a la enésima potencia.
Terminada la visita oficial despegamos con rumbo noroeste hacia la India, allí aterrizamos en el aeropuerto internacional Chatrapati Shiva en la cuidad de Bombay, ahora conocida como Mumbai (1619 millas náuticas, 03:50horas) la ciudad más poblada del mundo. El descenso transcurrió paralelo a la ladera de una montaña y el día estaba perfecto con visibilidad clara y por cientos de millas se veían casitas abarrotadas, unas al lado de otras, sin ningún espacio libre entre ellas. Este fue un toque técnico, solo para reabastecer; así que un par de horas después, seguimos curso hacia los Emiratos Árabes Unidos y aterrizamos en el aeropuerto de Abu Dhabi (1081 millas náuticas, 2 horas 40 minutos) después, también fue un toque técnico pero distinto: El sitio VIP donde nos atendieron era de un lujo extraordinario, lo recuerdo como una especie de carpa árabe con cortinas que caían del techo, sumamente distinguido y de buen gusto. Después de reabastecer, continuamos rumbo a Turquía, esta pierna fue totalmente nocturna y volamos sobre el golfo Pérsico, exactamente sobre el estrecho de Ormuz, esa era la zona más vigilada del mundo por el conflicto entre Irán y USA. Ya habían derribado un avión comercial por error y existía un corredor aéreo con cero tolerancia lateral se debía monitorear la frecuencia de emergencia y se podían oír las conversaciones entre los buques de la US Navy. Veníamos volando en piloto automático y navegación inercial y este presentó una desviación con respecto al curso VOR y el controlador imperativamente nos ordenó regresar al curso. En esa pierna o trecho fue la única vez que nos arrepentimos de nuestra llamada. Al mencionar en la llamada Fuerza Aérea todo el mundo se ponía en guardia y tuvimos que aclarar que éramos un B737, en misión diplomática. Sin duda una experiencia que asustó pero que quedó como anécdota. Aterrizamos en el Aeropuerto internacional Ataturk, Turquia, cinco horas después del despegue y volamos 2132 millas náuticas. Allí pernoctamos y descansamos profundamente después de haber volado ese día casi 12 horas y 4832 millas náuticas, más las horas sumadas durante los tiempos en tierra de los toques técnicos.
Al día siguiente y perfectamente descansados, despegamos para el sitio donde se terminaba nuestra misión principal como FAV 0001 ( Fuera Aérea Numero Uno), la cuidad de Milán en el aeropuerto internacional Milano Malpensa en Italia (903 millas náuticas, 02:10horas). Casualmente fue la única vez que el presidente aterrizó en la cabina y nos tocó realizar un ILS un tanto ajustado en los limites de techo y visibilidad y el Presidente, estaba bien conversador y nosotros totalmente silenciosos, tomamos tierra sin ninguna novedad y ahí ya estaba el DC-10 para retornarlo a Venezuela, en vuelo directo. A nosotros también nos tocaba regresar, solo que de Milán volamos a las Islas Canarias en Tenerife, España, aeropuerto Reina Sofía, con pernocta; al día siguiente volamos a Dakar aeropuerto Yoff/Leopold Sedar Sengghor, Senegal y de alli cruzando el Atlántico rumbo oeste el aeropuerto de Guararapes en Recife, Brasil, todos estos últimos toques fueron paradas técnicas de combustible y plan de vuelo. Finalmente realizamos la pierna más larga de todas a Maiquetía con 2214 millas náuticas y 05:30 horas, desembarcamos a la comitiva, tomamos combustible y volamos a BAEL, nuestro punto de partida 21 días antes.
De esta forma fue que finalmente cumplimos la misión asignada con presto operativo y con la fortuna del audaz aviador. Nuestro avión demostró su gallardía y valor, sin duda de la mano de un excelente trabajo de mantenimiento preventivo de siempre, realizado por nuestros técnicos lo que garantizó que no se presentara ninguna falla. El récord bien merecido de vuelo sin fallas es increíble, pero así fue: cero fallas. El desempeño de la tripulación fue simplemente impecable, tanto profesional como personalmente, su tesón y mérito no puede ser elogiadas con palabras porque para calificar esta hazaña sería necesario crear nuevos vocabularios.
Un resumen pequeño de nuestro recurrido diría que realizamos 20 aterrizajes en 14 países distintos. Y para tener una idea tengamos presente que la circunferencia de la tierra mide 21638 millas náuticas y nosotros recorrimos 26238 millas náuticas en 21 días. Nuestro tiempo de vuelo fue, algo más de, 63 horas y fuimos la primera tripulación militar Venezolana en darle la vuelta al mundo.
Así fue nuestro itinerario:
PRIMERA FASE (Tripulación y algunos miembros de la comitiva a bordo)
Base Aerea El Libertador, Maracay, Venezuela (BAEL)
Aeropuerto "Simón Bolivar" Maiquetia, Venezuela
Aeropuerto General Juan N. Alvarez Acapulco, Mexico
Aeropuerto de Los Angeles (LAX), USA
Aeropuerto Ted Stevens Anchorage, Alaska, USA
Aeroperto ADAK Naval Statión, Isla Adak, Alaska, USA
Aeropuerto Narita Tokio y Osaka, Japón
SEGUNDA FASE (PRESIDENTE A BORDO)
Aeropuerto kai Tak, Hong Kong
Aeropuerto Soekarno-Hatta ,Yakarta
Aeropuerto Nguran en Bali, Indonesia
Aeropuerto Don Muang, Bangkok, Tailandia (en esta pierna volarón sobre Vietnan y Camboya)
Aeropuerto Chhatrapati Shivaji, Bombay, India
Aeropuerto Abu Dhabi, Emiratos Arabes Unidos
Aeropuerto Istanbul Ataturk, Turquia
Aeropuerto Milano-Malpensa, Milan, Italia.
TERCERA FASE (regreso al país)
Aeropuerto Milano-Malpensa, Milan, Italia.
Aeropuerto Tenerife Islas Canarias, España
Aeropuerto Dakar -Yoff/Leopold, Senegal
Aeropuerto Guarapares, Recife, Brasil
Aeropuerto "Simón Bolivar"
BAEL
Hoy y siempre le doy gracias a Dios por permitirnos ir y venir sin inconvenientes y gracias a todos nuestros jefes que tuvieron la confianza de creer en nuestra Fuerza Aérea Venezolana.
Muchos fueron los aspectos que se conjugaron para alcanzar este logro, entre ellos que el Jefe de la Casa Militar era el General de Brigada (Av) Iván Darío Jiménez, quien conocedor del profesionalismo y capacidades de los hombres y mujeres de azul pizarra, ordenó la misión y además que el Coronel (Av.) Alfredo Contreras Méndez Comandante del Grupo Aéreo de Transporte No 4, asumió la responsabilidad de su planificación. Sin lugar a dudas cabe decir para terminar que al final del camino el orgullo y la satisfacción de haber dado “la Vuelta al Mundo” no correspondió solo a una tripulación o a un Grupo Aéreo, fue el orgullo vibrante de toda la Fuerza Aérea Venezolana que como muestra de su paladín soberano surcó los cielos llevando la bandera tricolor al lado de las estrellas aladas.
AVIADORES UNIDOS JUREMOS
21/072016