2012/07/14

La pamela negra

Jose Almeida Rodriguez

ANTES DE PARTIR HACIA ESOS ALBERGUES EN LOS QUE SE ESCUCHAN HISTORIAS PARECIDAS, OS DEJO LA QUE HE ESCRITO HOY
HASTA SEPTIEMBRE



Siempre que acudía a un nuevo lugar a recibir a los peregrinos, me gustaba antes documentarme sobre el sito en el que iba a estar. Generalmente la historia y las leyendas eran lo que más me apasionaban y una vez que tenía algunos datos sobre cualquiera de estas cosas trataba de profundizar todo lo que era posible en la información que se disponía.
Lo hacia para que los peregrinos dispusieran de toda la información que me requerían, pero sobre todo para satisfacer mi curiosidad y para ir ampliando la información que me gusta almacenar sobre el camino y todo cuanto le rodea.
En ese lugar de la meseta, hace varios siglos, paso un peregrino ilustre que llego presenciar como en la soledad de aquellas tierras, un peregrino se vio atacado por una manada de lobos que además de ocasionarle la muerte, descuartizaron su cuerpo y le devoraron.
Ahora ya no se pueden encontrar esos peligros, la masa boscosa que un día debió poblar estas tierras haciendo que estas alimañas pudieran ocultarse, ya han ido desapareciendo haciendo que la tierra quede yerma de vegetación, los campos de cultivo de cereal han ido adueñándose del espacio que se necesita para la siembra haciendo que en muchos lugares nuestra vista no consiga ver en el horizonte ningún árbol que cambie la monótona fisonomía de esta tierra de Campos.
Generalmente, en los pueblos pequeños de Castilla, no solo todos se conocen sino que también cuando consigues cierto grado de confianza con alguna persona llegas a enterarte de los secretos mejor guardados de la población siempre contados de una forma bastante intencionada dependiendo la fuente de la que parta la información.
Una tarde, en uno de los bancos del pueblo donde suelen sentarse a conversar las personas mayores recordando esas anécdotas de su juventud que son casi las que les mantienen vivos, me encontré a Fidencio, era un señor muy mayor, de esos contadas personas a las que cuando dices que es un anciano aciertas siempre en la definición para que otros puedan imaginarse los años que tienen.
Fidencio se había fijado en mi los primeros días que fui a aquel sitio donde me gustaba ver como el sol era engullido por el horizonte y enseguida se informo de quien era aquel desconocido al que no había visto antes en el pueblo.
Esa tarde extrañamente no había mas gente con el, se encontraba solo y en lugar de sentarse donde lo hacia habitualmente, se sentó en el banco en el que me encontraba.
Fue él quien comenzó a conversar hablándome de los numerosos peregrinos que estaban pasando ese año por el pueblo y como el camino había estado experimentando un cambio año tras años. Hablamos durante casi una hora del camino y de los peregrinos hasta que el sol fue absorbido por completo por la raya del horizonte.
Nos despedimos y le dije que cuando lo deseara pasara algún día por el albergue, siempre habría un botella y un vaso para seguir hablando del camino, además el parecía una enciclopedia ya que me imaginaba que habría visto muchas anécdotas en su vida y me interesaban especialmente estas curiosidades que se suelen producir en el camino.
Al día siguiente, dos o tres horas después de haber terminado la limpieza del albergue vi en la puerta a Fidencio, estaba dudando si entrar o no, por lo que fui y le abrí la puerta invitándole a que entrara al interior.
Como le había prometido, partí un poco de queso de una cuña que guardaba en la nevera y saque una botella de vino y dos vasos que puse encima de la mesa y me senté a su lado.
-¿Qué?, no te ha venido todavía ningún peregrino diciéndote que ha visto a la peregrina de la pamela negra.
-No – le respondí sorprendido.
-Pues seguro que alguno te viene, es por estas fechas cuando más se suele aparecer – me dijo.
Me intrigo este comienzo y pensé que allí había una buena leyenda, por lo que no dije nada más esperando que el fuera el que me la contara, sabia que lo haría ya que estaba seguro que la había contado cientos de veces.
Comenzó diciéndome que era una historia que había escuchado de labios de sus mayores por lo que debía ser muy antigua, anterior a cuando el nació, ya que cuando la escuchaba de muy niño le decían que se trataba de una vieja historia.
Cierto día de primavera llego al pueblo una peregrina que llamaba la atención de las sencillas gentes del pueblo. Era una mujer esbelta y muy atractiva. Vestía una prenda de una sola pieza de tela muy fina de color negro y llevaba sobre su cabeza una amplia pamela también negra. Destacaba en aquel conjunto un ligero zurrón hecho de encaje de color blanco que llevaba colgado del hombro izquierdo y apoyaba en el costado derecho.
Se percibía en ella cierto aire de misterio y sobre todo las personas que la vieron decían que en su cara se reflejaba una gran tristeza como si fuera cargada con todos los pecados del mundo.
No hablo con nadie en el pueblo, se alojo en una fonda que había y desde que llegó se quedo en la habitación sin bajar tan siquiera a cenar como hacían la mayoría de los peregrinos.
A la mañana siguiente, nadie la vio marchar, cuando la posadera fue a su cuarto ya no se encontraba en el, pero a nadie extraño ya que algunos peregrinos solían comenzar muy pronto su camino.
Antiguamente estas eran unas tierras peligrosas ya que las alimañas solían acercarse hasta las afueras del pueblo cuando no encontraban comida en los montes cercanos.
Un grupo de peregrinos que habían salido después del amanecer, cuando llevaban caminando un par de horas, se encontraron junto al camino la pamela negra, pensaron que era de la peregrina que habían visto llegar el día anterior al pueblo que dejaron atrás y la recogieron para entregársela en el siguiente pueblo.
Preguntaron en el pueblo, pero nadie había visto a la peregrina vestida de negro, tampoco en el siguiente había pasado por allí nadie con esa descripción. Aquello extraño a las autoridades locales que hicieron una batida por los alrededores pero no encontraron ni rastro de la peregrina por lo que se imaginaron que igual la esperaba un carruaje o alguna montura y se había marchado en ellos.
La gente se fue olvidando de la peregrina de la pamela negra que era como la llamaban hasta que al año siguiente, en primavera algún peregrino afirmo haberla visto caminando delante de el, pero por mas que lo intento, no consiguió darle alcance y se imagino que la encontraría en el pueblo.
Lo que el peregrino afirmaba haber visto, revivió el recuerdo de lo que se vivió en el pueblo y en los alrededores y la imaginación popular comenzó a buscar una y mil explicaciones a este suceso.
De nuevo se volvió a retomar su búsqueda pero los resultados fueron similares a los que tuvieron el año antes, no consiguieron encontrara ni rastro de la peregrina de la pamela negra.
Unos días después otros peregrinos que caminaban en grupo afirmaron haber visto lo mismo, pero nadie consiguió verla ni tampoco en el pueblo habían visto a este extraño personaje.
La imaginación popular fue creando mil historias de este suceso y pronto surgió la leyenda que fue creciendo cada año ya que por primavera alguien firmaba haberla visto caminando a las afueras del pueblo y se fue haciendo muy popular entre los peregrinos.
-¿Usted la ha llegado a ver? – le pregunte.
-No – me dijo – y tampoco conozco a nadie del pueblo que la haya visto, pero hay peregrinos que dicen que si la han visto.
-¿Y usted que cree de esta historia? Le pregunte.
-Yo solo creo en lo que veo, pero hay cosas que están ahí y aunque no las veamos sabemos que están – dijo Fidencio.
pensé que era una más de esas leyendas que circulan por el camino y esta no la había escuchado nunca por lo que la anote en una libreta ya que me parecía una historia cuanto menos curiosa y durante unos días estuve pensando en ella, aunque no le di más vueltas ni volví a preguntarle a Fidencio por esta historia, esperaba los días que estuviera con el que me contara alguna nueva ya que al fin y al cabo estas leyendas forman parte de las historias de los pueblos y son las que de alguna forma dan carácter a los mismos ya que la gente cree ciegamente en ellas.
Cuando llevaba unos diez días en el albergue un día llego un peregrino de mediana edad, venia caminando desde Roncesavalles y estuvimos hablando de algunos lugares en los que yo había estado anteriormente y le pregunte por los hospitaleros que había en aquellos lugares en los que anteriormente había estado ya que guardo muy buenos recuerdos de ellos y de los sitios en los que están dando acogida a los peregrinos.
Mientras estábamos hablando me di cuenta que el peregrino miraba constantemente a la gente que entraba o salía del albergue y cuando vi que lo hacia varias veces le pregunte que si estaba buscando a alguien.
Me dijo que delante de el, a unos dos kilómetros del pueblo venia caminando una peregrina, era una mujer alta y era inconfundible ya que vestía un vestido negro y llevaba también una pamela negra destacando la bolsa que llevaba a uno de los costados que era blanca, esperaba haberla encontrado en el albergue, pero no la había visto, seguramente habría pasado de largo yendo hasta el siguiente pueblo.
Según me lo estaba contando, me di cuenta como el vello de mi cuerpo se estaba erizando, no veía a aquel peregrino inventándose aquella historia y menos haciéndose eco de una leyenda ya que lo veía muy serio como para hacer aquellas cosas.
No le quise hablar de la historia que me había contado Fidencio, esperaba que con lo que me fuera contando podría obtener más información y con lo que el me fuera contando podría hacerme una idea de la veracidad o la falsedad de esta historia.
Pero el peregrino no volvió a hablarme más de ella, esperaba verle a la mañana siguiente para hacerle las preguntas que durante toda la noche habían estado rondando por mi mente, ya que esa noche apenas pude dormir pensando en la leyenda que se repetía de nuevo y por que no, he de confesarlo que tampoco conseguía quedarme dormido por miedo a lo que había escuchado.
Cuando me levante por la mañana esperaba ver al peregrino y abordarle con las preguntas que tanto me habían estado inquietando desde que vi como se había repetido la historia, pero el peregrino se había marchado ya, había madrugado para no coger las horas mas calurosas del día en la jornada que tenia por delante.
Esa tarde fui nuevamente al banco y cuando vi a Fidencio me acerque hasta el y le comente lo que el peregrino me había dicho.
-Si – dijo con la mayor naturalidad del mundo y sin apenas inmutarse – esta es la época en la que se la puede ver.
-Y a que hora suele aparecerse y donde – le pregunte.
-Unas veces a la entrada del pueblo, como dos kilómetros antes y otros a la salida, pero unos dicen haberla visto a unas horas y otros a otras, nadie ha coincidido en eso.
Pensé ir los siguientes días a la entrada del pueblo, esperaría allí la llegada de los primeros peregrinos y vendría caminado con ellos hasta el albergue.
Los tres días que estuve haciéndolo no conseguí ver a esa extraña peregrina, me fui reafirmando en que era solo una leyenda y aunque me costaba creerlo, el peregrino que me había venido contándola, seguro que también la había escuchado o la había leído en algún sitio y lo único que deseaba era tomarme el pelo.
Regrese caminado con los peregrinos hasta el albergue y les abrí para que descansaran, durante la media hora que estuvimos caminando juntos hablamos de muchas cosas del camino y de nuevo comencé a sentirme rodeado de la realidad, esa que me contaban los peregrinos normales que cada día llegaban al albergue.
Cuando llevaba más de una hora recibiendo peregrinos, habían llegado ya más de veinte y ese día también se llenaría el albergue, tenia que ir pensando donde acomodaría a las personas que llegaran cuando estuviera lleno, retiraría por la noche las mesas que había en la sala y allí podrían extender sus esterillas y dormir en el suelo. Era incapaz de no acoger a nadie aunque estuviera lleno, a pesar que las normas nos decían que teníamos que enviarles a otro sitio alternativo en el pueblo o que siguieran caminando más de una hora hasta el siguiente pueblo.
Mientras estaba ocupado en esas cuestiones no me percaté de la entrada de una peregrina, era una señora mayor que llevaba algo en la mano cogido con fuerza, tanta que lo había deformado ligeramente.
-Buenas tardes - me dijo -¿hay sitio para una peregrina que esta muy cansada?
-¡Aquí siempre hay sitio para los peregrinos y si no lo hay se busca! – le dije mientras seguía observando lo que traía en su mano y ella se dio cuenta de ello.
-Esto – dijo dejándolo sobre la mesa – me lo he encontrado en el camino, seguro que se le ha caído a alguna peregrina que se alegrara al recuperarlo.
Al dejarlo sobre la mesa, quiso recobrar su forma y lo consiguió en gran parte, era una bonita pamela negra que se había encontrado antes de llegar al pueblo.
Aquella pamela, era como la que me habían descrito, debía tratarse de una pesada broma, aunque me dio miedo tocarla, la deje varias horas encima de la mesa sin atreverme a tocarla y esperando y confiando que alguna de las peregrinas que había llegado ese día la reconociera como suya y la cogiera.
Viendo que pasaba el día y nadie reclamaba la pamela, por la tarde la cogí y la metí en una bolsa y me fui hasta el banco para ver la puesta del soy y para enseñársela a Fidencio.
Ese día fue un anochecer diferente, unas nubes que presagiaban una inminente tormenta de verano habían aparecido de repente y el sol tuvo que pasar entre ellas ofreciendo uno de esos espectáculos únicos de la naturaleza ya que daba la impresión que todo se iba a romper y de un momento a otro estallaría en mil pedazos.
Abrí la bolsa como si en ella llevara un tesoro escondido y le mostré el interior a Fidencio, este se fijo en lo que allí había y lo cogió entre sus manos.
-Es como esta la pamela que me contaba en sus historias – le pregunte.
-Es la misma – dijo el – ¿la has visto?
-No – le respondí – la ha traído una peregrina que hoy ha llegado al albergue, me ha dicho que se la encontró a la entrada del pueblo.
-Entonces – dijo Fidencio besándose la barbilla – es que anda por aquí ¿no crees?
-Yo no creo nada – le dije – mas bien estoy asustado, estas cosas me asustan y no se que hacer con esto – dije guardando la pamela de nuevo en la bolsa.
_No tienes por que asustarte - me dijo el – estos no deben darte miedo, los que tienes que temer siempre es a aquellos que aunque crees que conoces, no los conoces bien y te van a traicionar en cualquier momento, cuando menos lo esperes.
-¡Pero! – trate de decirle.
-Mira, nunca ha hecho daño a nadie y si hubiera querido lo habría hecho muchas veces, piensa en ella como una peregrina buena que esta tratando de recuperar lo que ha dejado por aquí para poder descansar para siempre cuando lo encuentre.
-Es que estas cosas imponen de una forma que da miedo – le dije.
-Te has fijado en la noche – pregunto el.
-Sí – le respondí – es como todas las que hemos estado viendo estos días.
-Ves como no te has fijado – me dijo el – Hoy el sol se estaba ocultando como siempre, pero de repente han aparecido unas nubes para ofrecernos un espectáculo maravilloso y cuando el sol se ha ocultado, las nubes también se han ido.
-Es verdad – respondí – no me había dado casi cuenta.
-Esto ha sido un regalo que ella nos ha hecho, bueno te lo ha hecho a ti que sabe que te vas marchar mañana o pasado mañana – me dijo.
-Mañana – respondí sin darme cuenta de lo que le decía.
-Pues eso, piensa que lo que hemos visto esta noche lo ha hecho para ti.
-Eso me da mas miedo todavía – conteste.
-Pues no debes tenerlo, medita solo con el regalo que te ha hecho.
Me despedí de Fidencio ya que al día siguiente cuando se escondiera de nuevo el sol yo ya estaría lejos, vería esos anocheceres desde otro sitio, pero le asegure que cuando presenciara un anochecer, siempre le recordaría por los que habíamos visto juntos estos días atrás.
Cuando llegue al albergue deje de nuevo la pamela en el lugar que la peregrina la había dejado, seguro que era de alguien de los que estaba allí y cuando la viera la cogería para llevarla en su camino al día siguiente.
Esa noche apenas pude dormir pensando en todo lo que había ocurrido y en las palabras de Fidencio que no dejaba de tener razón, la experiencia que dan los años va mezclada siempre con una sabiduría muy especial.
Como los peregrinos solían salir del albergue a partir de las seis y ya no podía dormir mas, cuando vi en el reloj que eran las cinco y media decidí levantarme de la cama, me prepararía un café y mientras lo tomaba iría preguntando a las peregrinas para ver de quien era aquella prenda.
Cuando llegue a la sala de la entrada del albergue, vi que la pamela ya no estaba en la mesa, no era posible que se hubiera marchado todavía nadie ya que no había escuchado la puerta de la calle.
Fui algo nervioso a los cuartos, algunos peregrinos se estaban preparando para salir. Los fui contando a todos y estaban los treinta y ocho que habían llegado el día anterior.
Espere para ver la salida de todos y nadie llevaba la pamela negra, entonces me di cuanta que esa noche había recibido una visita especial y por primera vez en lugar de miedo o de angustia, sentía una paz muy grande en mi interior.

Hay un camino… Alfredo Sadel

Hay un camino pero si no le echamos bolas nos hundimos...?

Escrito por el hijo de Alfredo Sadel: Hay un Camino, Papá

Querido padre: te escribo esta carta pensando en el país que dejaste ya hace 23 años y que ahora recibimos tus hijos en condiciones deplorables. Aquel país de gente que, como tú, dedicó su vida entera a hacerlo grande, predicando no con su palabra, ni con discursos, sino con su ejemplo, ya casi no existe. Pienso en las horas, días, noches, meses y años que dedicaste al estudio y perfección de tu profesión y hoy en día agradezco que haya sido ése y no otro el legado que nos dejaste: una vida llena de sacrificios y de entrega con la simple idea de ser siempre un mejor ciudadano.

Hoy en día nada de eso se reconoce ni se premia. Es una pena que toda la decepción que llevó a Enrique Santos Discépolo a escribir su famoso tango Cambalache, la mejor descripción del siglo XX, siga siendo hoy la norma. Y, más triste aún es que vayamos incluso para peor. “Todo es igual, nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor… en la vidriera irrespetuosa de los cambalaches se ha mezclao la vida… y herida por un sable sin remache, ves llorar la Biblia junto a un calefón… Da lo mismo que seas cura, colchonero, rey de bastos, cara dura o polizón”. Y un largo etcétera. Aquí ya ni las estatuas son para los colosos nacionales de la ciencia y el arte, sino para los guerrilleros asesinos y los narcotraficantes extranjeros.

Este gobierno no construyó ni un solo teatro para ponerle, por ejemplo, con orgullo el nombre de Simón Díaz. Por el contrario, se ocupó fue de echarlo del Canal 8 para poner en su lugar a dos dignos ejemplos de la educación y buenas costumbres revolucionarias: a un Mario Silva (cuya máxima expresión de cultura es mentar madres) y a un pobre mamarracho que se cree filósofo y lo que hace es chupar medias.
Este país hace tiempo que no le rinde tributo a sus grandes hombres. Bien sea por ignorancia o por razones ideológicas, echó al olvido a Arturo Uslar Pietri, a Andrés Eloy Blanco, al maestro Gallegos, cuyo centro de estudios acá en Caracas está en el suelo, al igual que el Teatro Teresa Carreño. Maestros como Aldemaro Romero están ya olvidados y no le construyen ni una digna sala para quien dejó tan hermoso legado.

En televisión, con los bellos acordes del Alma Llanera, se exalta más bien en una cuña el culto a la personalidad de un tiranuelo con los prestos favores de un mendicante gestor cultural y un talentoso y genuflexo director de orquesta, al tiempo que mantienen vetada en su país a una de las artistas de mayor genio y estatura que haya dado nuestra tierra desde la mismísima Teresa Carreño.

Este gobierno expatria el talento y ensalza a los mediocres, porque lamentablemente, su cultura comienza y termina con las canciones de Alí Primera. Qué le vamos a hacer.

Pero su himno es otra canción. Es ese pasaje llanero que dice: “Ji,ji,ji,ja,ja,ja,já… yo sí soy un jalabolas!”. Para eso sí están listos Cristóbal Jiménez, Cristina Maica y esa cuerda de adulantes que no vale la pena ni mencionar.

En cambio, tu sobrina Bettsymar hace un esfuerzo todos los días para que el Alzheimer no le consuma el cerebro al venezolano de las nuevas generaciones y con ese cariño y ese amor patrio nos habla con pasión en unos breves minutos de esa maravillosa herencia,que en vida nos deja su padre, el compadre tío Simón, con su bello e inigualable arte de hombre ejemplar. Esa es la querencia de toda querencia. Por eso creo que todavía hay esperanza. Porque hombres como tú, papá, merecen más que el nombre de una plaza donde el único espectáculo es una vedette de cuando en cuando quitándose la ropa.

La vida de este país tendrá que ser algo más que una larga borrachera de petrodólares en manos de una cuerda de trasnochados ideológicos. Hace falta un cambio. Y para ese cambio hay un camino: la cultura y la educación. Sé que estamos lejos, pero ya se avizora la luz al final del túnel. Hay un camino, papá. El de hombres como tú. Lo honro en el recuerdo, don Alfredo y le deseo, donde quiera que esté, un Feliz Día del Padre, viejo. El autor es hijo del siempre ídolo de Venezuela Alfredo Sadel.

Eldiariodecaracas.com

@NecoSadel

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2012/07/13

El valor de sus promesas

Hugo Chávez y su equipo andan a toda máquina en la campaña hacia una nueva reelección que llevaría al comandante-presidente, cuando culmine su tercer período presidencial, a sumar 20 años consecutivos en el poder. En una carrera por alcanzar los 37 años (intermitentes) del General Juan Vicente Gómez.
En esa carrera, montado en carrozas y superautobuses blindados, Chávez recorre algunos estados prometiendo viviendas, seguridad, e incluso, transformar a Venezuela en un país exportador de alimentos. En ese lanzamiento de promesas, que seguramente nunca cumplirá, también está ofreciendo una cercanía con la Iglesia Católica.
Para evidenciar su voluntad, ya realizó dos acercamientos: 1) Mandó como emisario al vicepresidente Elías Jaua a reunirse con el monseñor Diego Padrón, el titular de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), durante la Asamblea Anual de Obispos. 2) Habló telefónicamente con el Prelado, ofreciéndole una pronta visita a la CEV.
Este acercamiento no tendría nada de extrañar en un país donde la mayoría del pueblo venezolano es católica. En un país laico y con libertad religiosa como lo es Venezuela, un gobernante tiene la obligación de llevar buenas relaciones con las diferentes religiones que profesen sus ciudadanos. Y las iglesias tienen el deber, como lo ratificó el titular de la CEV, de tejer con los gobiernos una “relación que sea muy respetuosa y que vaya siempre por los canales institucionales” y unir a todos sus feligreses sin distingo de clases o preferencias políticas.
Lo que llama a suspicacia, y a no creer en estos cantos de sirena de buena voluntad y de respeto a la Iglesia Católica por parte de Chávez, es que durante sus 14 años de su Gobierno castro comunista, el mandatario ha sido reiteradamente insultante, y ofensivo con cardenales, obispos, monseñores y cuanto representante de la Iglesia critique o llame a la reflexión por sus políticas. Incluyendo al Nuncio Apostólico, (representante del Vaticano en Venezuela), a quien por años negó el placet, y al Papa Benedicto XI, a quien insultó cuando éste pidiera respeto para los venezolanos y para su fe.
Para refrescar la memoria de la virulencia verbal de Chávez contra los prelados, sólo basta recordar el enfrentamiento con el monseñor Baltazar Porras, cuando siendo éste presidente de la CEV, criticó el uso del lenguaje bíblico en el discurso presidencial.
Un trato más indignante aún lo recibió, en vida y postmorten, el cardenal José Ignacio Velasco, a quien le deseó que “el diablo lo reciba en su seno”.
Cardenales y obispos han sido tildados vía televisada, en diversas ocasiones y por disímiles motivos, de vagabundos, indignos, ignorantes, trogloditas, demonios y maleantes, llegando incluso a decirles que merecían ser mandados para El Dorado o a limpiar pisos.
¿Quién puede pensar que al pasar los ardores de campaña electoral, y de ser Chávez reelecto, cuando éste se sienta vitalicio y prepotente otra vez, no volverá a arremeter contra la jerarquía Católica?

VenEconomía Opina, 13 de julio de 2012

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Crisis anunciada

Los puertos venezolanos actualmente están abarrotados de buques fondeados y atracados que durante semanas y meses esperan para soltar sus cargas de productos y bienes, ya no solo de los tradicionalmente importados, sino cada vez más de aquéllos que han dejado de producirse en el país en estos 14 años.
Unos 29 buques se cuentan en Puerto Cabello, en el estado Carabobo y unos 13 en el de La Guaira, estado Vargas, según denuncias de la prensa nacional. La respuesta de las autoridades portuarias, no fue agilizar los trámites de aduanas, nacionalización de la mercancía y descarga, como sería lo lógico. La “mejor solución” que encontraron fue “ruletear” los buques por puertos nacionales y de algunos países cercanos, no solo arriesgando nuevamente la pérdida de bienes perecederos, sino incrementando los costos de las importaciones.
No es exagerado afirmar que Venezuela enfrenta la peor crisis portuaria desde la que atravesó en los años 70, cuando se produjo el boom de importaciones desencadenado por la apertura petrolera.
Ahora bien, si la de hace tres décadas podría justificarse porque agarró desprevenido al Gobierno, sin equipos, infraestructura, tecnología y personal capacitado; la de estos momentos es condenable y no tiene justificación ninguna, a pesar de que es producida por las mismas causas. El origen de esta crisis data de 2007, cuando el Gobierno sacó del juego a las empresas privadas nacionales e internacionales que operaban los puertos y las suplantó con la estatal Bolivariana de Puertos, para luego crear una muy truculenta operación a Puertos del Alba, donde 51% del capital es de Bolipuertos, y el 49% restante del Grupo Empresarial cubano La Industria Portuaria (Asport), pero cuyo control operacional lo tiene casi en su totalidad el personal cubano.
Ya no se trata de la entrega de otro sector neurálgico de Venezuela a Cuba, sino que el manejo de los puertos evidencia cada día más los males de toda empresa que agarra la revolución castrochavista: alta corrupción, mala gerencia, incompetencia operacional, ineficiencia, desinversión, obsolescencia de equipos, infraestructura y tecnología, por ende baja productividad y peor rendimiento económico.
A esto se le agrega, la sustancial caída de la producción nacional de rubros básicos por la política confiscatoria y de controles del Ejecutivo Nacional que obliga a recurrir a ingentes importaciones para satisfacer la demanda, las cuales son realizadas en su mayor parte por un Gobierno que suma un cóctel de impericia, ineficiencia, mala administración y corrupción. El resultado no podía ser otro que la generación de cuellos de botella que terminan por enseñorear la crisis y el caos en los puertos venezolanos.
Como siempre, quienes pagaran los platos rotos son los venezolanos: los importadores pagando con su dinero productos que se dañan incluso antes de ser desembarcados, y los consumidores quienes sufren en la cacería de bienes y productos que no se encuentran.

VENECONOMIA, 12/07/12

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2012/07/12

Poema XX

Pablo Neruda

Puedo escribir los versos más tristes esta noche. (Poema XX).

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: “La noche esta estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos”.

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como esta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

PABLO NERUDA

Secretos de la Historia Patria…

Capriles y López serían primos y sobrinos de El Libertador!

ANTONIO HERRERA-VAILLANT. El recién publicado libro, “El Nudo Deshecho: Compendio Genealógico de El Libertador”, incluye toda la descendencia de las hermanas y sobrinos de El Libertador, hasta nuestros días, como sus herederos declarados en su testamento.
Dicha publicación no contempló la descendencia del medio hermano de El Libertador, hijo natural perfectamente identificado de su padre, Don Juan Vicente Bolívar, nacido muchos antes del matrimonio Don doña Concepción Palacios. Es histórico que a la fecha del matrimonio Don Juan Vicente tenía 47 años y Doña María Concepción, 14 años de edad.
Se ha comprobado plenamente que el padre del Libertador tuvo en sus años mozos a un hijo llamado Don Juan Agustín Bolívar, que era más de 30 años mayor que El Libertador. La existencia y familia inmediata de este caballero fue originalmente descubierta y analizada por los destacados historiadores maracaiberos Doctor Kurt Nagel Von Jess y Doctor Juan Carlos Morales Manzur.
Don Juan Vicente de Bolívar y Ponte falleció el 19 de enero de 1786. Su testamento se compone del poder que otorga a su esposa y a su suegro para que redacten el testamento, y un testamento propiamente dicho redactado en base a notas dejadas por el difunto. Allí se identifica a Agustín Bolívar “que vive en la ciudad de Maracaibo”, a quien dispone Don Juan Vicente “se le den doscientos pesos por una vez, de que le hago donación”.
Al morir Don Juan Vicente de Bolívar y Ponte en 1786, Agustín se dirige a Caracas para cobrar su legado, pero también a tratar de lograr una porción mayor de la herencia. Para ello tuvo que hacer una probanza, luego de escribir al Capitán General diciendo:
“Don Agustín Bolívar… digo: que para efectos que me convengan, necesito hacer cierta información sobre mi filiación y demás que conduzca a hacer constar ser hijo natural del Señor Coronel Don Juan Vicente Bolívar, ya difunto, a cuyo efecto vengo en suplicar a la justificación de Vuestra Señoría se sirva admitirme los testigos que presentaré, los que bajo de juramento declaren… si me conocen de vista, trato y comunicación y si les consta que el dicho Señor me trataba como si fuese su hijo, con aquel cariño que es propio de un padre… si en varias ocasiones manifestó esto mismo, así de palabras como de hecho, teniéndome en la casa de doña Luisa Bolívar, su hermana, alimentándome y contribuyéndome todo lo necesario… diga separadamente Don Juan José Barandica si es cierto que el Doctor Don Juan Félix Aristeguieta le comunicó que el dicho Señor Don Juan Vicente era mi padre, y de una señora de las principales de esta ciudad, mi madre, con quien no había contraído matrimonio, sin embargo de ser soltera y no tener impedimento alguno, por ciertos motivos que ocurrieron en aquel entonces”. ([1])
Luego reconoce que la viuda de su padre (Doña Concepción Palacios) le entregó los doscientos pesos legados por Don Juan Vicente, pero solicitó fondos adicionales para cubrir gastos inmediatos. No hay otras noticias de este medio hermano de El Libertador, y se presume que falleció antes de la Independencia.
Este mismo Don Juan Agustín Bolívar contrajo matrimonio en la Iglesia Mayor de Maracaibo ([2]) de la Iglesia Mayor (Catedral) del 22 de noviembre de 1772, ([3]), con Doña Ana María Chacín Mijares, que nació en Maracaibo el 4 de octubre de 1750, hija de Don Juan Ubaldo Chacín y de Doña María Paula Mijares. La partida le identifica claramente como hijo natural de Don Juan Vicente Bolívar. Debió ser bastante joven al momento de contraer ese enlace, que ocurrió más de diez años antes de nacer siquiera El Libertador. Del matrimonio dejó tres o cuatro hijas:
Una de sus hijas fue Doña Carlina Bolívar Chacín, que tiene su defunción en la parroquia de Nuestra Señora de la Chiquinquirá de Maracaibo el 18 de agosto de 1834 ([4]), donde se le identifica como hija de Don Juan Agustín Bolívar y de Doña Ana María Chacín. Doña Carlina Bolívar Chacín, a su vez, fue la madre de:
Doña Ramona Bolívar, que falleció en los Puertos de Altagracia (actual Cabimas) el 7 de noviembre de 1851 ([5]), luego de haber casado en la parroquia de Nuestra Señora de la Chiquinquirá de Maracaibo el 21 de junio de 1835 ([6]) con el señor José Dubuc D’Autan, corsario francés natural de Burdeos que estuvo al servicio de la Independencia de Venezuela y falleció en los Puertos de Altagracia el 16 de abril de 1852. De la familia Dubuc Bolívar queda numerosa y distinguida descendencia, sobre todo en los Estados Zulia y Trujillo.
Una de las hijas que tuvieron fue Doña Corina Dubuc Bolívar, que nació en Casigua (Falcón) el 25 de mayo de 1836 y fue bautizada en su parroquia el 15 de agosto siguiente, sus padrinos N. Henríquez y Estefanía Dubuc. Esta señora casó en la parroquia de San Juan Bautista de Betijoque (Trujillo) el 6 de marzo de 1863 ([7]) con Don Fernando Jugo Ferrer, oriundo asimismo de Maracaibo, hijo de los señores Domingo Jugo y Mariana Ferrer. Esta pareja también tuvo extensa y destacada sucesión, entre ellos a:
Doña Elvira Rosa Jugo Dubuc, que nació en Betijoque y casó allí el 10 de abril de 1887 ([8]) con Don Julio García Sánchez, hijo de los señores Santiago Felipe García y Merced Sánchez. Ellos, a su vez fueron los padres de:
Don Julio García Jugo, natural también de Betijoque y casado en su parroquia el 12 de octubre de 1908 ([9]) con Doña María Teresa Arjona Cubillán, que era hija de los señores Francisco Arjona y Herminia Cubillán. Una hija de esta pareja trujillana fue:
Doña Laura García Arjona, que nació en Betijoque el 25 de abril de 1914 y contrajo matrimonio en la parroquia de Altagracia de Caracas el 6 de julio de 1936 ([10]) con el Doctor Armando Capriles Myerston, que a su vez nació en Coro (Falcón) el 22 de diciembre de 1894, a su vez hijo de los señores Elías Capriles Ricardo y Sara María Myerston.
El contrayente descendía del abogado curazoleño Mordecai Ricardo, protector de El Libertador, quien le da una suma de dinero que le permite subsistir en la Isla durante su primer exilio y financiar su expedición de 1812 hacia Cartagena. Ricardo luego ofrece refugio y mantiene a las hermanas de Bolívar, alojándolas en su propiedad, el famoso Octagon, que aún existe como importante monumento de Willemstadt.
El Doctor Armando Capriles Myerston, coriano, y Doña Laura García Arjona, trujillana, son los padres de – entre otros – el Sr. Henrique Capriles García, de cuyo matrimonio con la señora Mónica Cristina Radonski Bochenek, nació el Doctor Henrique Capriles Radonski, actual candidato a la Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela, viene siendo sobrino en octavo grado del propio Libertador Simón Bolívar, con profundas raíces en los Estados Trujillo, Falcón y Zulia.
Se produce entonces la curiosa coincidencia que el candidato presidencial y su jefe de campaña, Doctor Leopoldo López Mendoza, sobrino en sexto grado de Bolívar, están unidos por la propia sangre de Bolívar, constituyendo así la primera instancia en toda la historia de Venezuela donde la estirpe del Libertador, en equipo, se acerca al solio presidencial como reivindicación del más genuino gentilicio bolivariano.
Fuentes
[1] “La familia maracaibera del Libertador Simón Bolívar”, por el Doctor Juan Carlos Morales Manzur, en “Aportes del Zulia a la genealogía nacional”, págs. 452-465, Acervo Histórico del Estado Zulia, Ediciones Astro Data, Maracaibo, Junio 2007. En el estudio se presenta a Doña Ramona Bolívar como hermana, y no como hija de Doña Carlina. Posteriormente hemos podido encontrar los datos que establecen la verdadera relación

2012/07/11

Demencia senil

FRANCISCO GÁMEZ ARCAYA| EL UNIVERSAL

miércoles 11 de julio de 2012 04:33 PM

 

"Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo". Esas son las primeras palabras de "Cien años de soledad", un libro que ha dejado huella profunda e imborrable en muchos de nosotros. Contaba su célebre autor, Gabriel García Márquez, que hacia el final de su proceso de escritura, lleno de vivencias silentes que surgían ordenadamente en su cabeza, no tuvo otra alternativa que acabar con la vida del coronel Aureliano Buendía. Mientras escribía las últimas escenas, ya monótonas, del viejo coronel que se pasaba los últimos días de su vida haciendo pescaditos de oro, decidió, como amo y señor de su historia, que debía acercarlo a su fin. Le costaba acabar con ese personaje que ciertamente vivía entre las letras negras del papel, pero debía hacerlo. Era de noche cuando García Márquez terminó de escribir el capítulo donde ocurría el hecho fatal del coronel y subió a su cuarto temblando. Ahí lo esperaba su mujer, Mercedes, quien al verlo a los ojos, supo de inmediato lo que había pasado: "¿ya se murió el coronel?", le preguntó Mercedes al tembloroso escritor. García Márquez, sin pronunciar palabra alguna, se acostó a su lado y lloró por dos horas.
En las últimas semanas, la prensa viene reseñando que al parecer, este grandioso escritor se nos ha ido. Paulatinamente, de forma casi surrealista, de a poco y sin despedidas, su mente ha entrado en un ocaso. Pasó de la luz más fulgurante a las tinieblas calinosas que lo adentran a un mundo sin retorno, a una realidad que solo él comprenderá. De acuerdo a lo publicado, García Márquez ha ido perdiendo la memoria, una forma elegante, tal vez, de decir que su mente está en un estado de confusa senilidad que le impide todo tipo de vida pública.
A pesar de ser una persona provista de dignidad, como cualquier otro ser humano, hasta que sus signos vitales cesen de forma natural, García Márquez se ha convertido, ha mutado. Dejó de ser el que fue. Esa mente luminosa en lo literario y a la vez oscura en el pensamiento político, esa pluma fantástica y poderosa, real y mágica, de descripciones perfectas y de prosa musical, nos ha dejado. Se esfumó. Se ha perdido en los misteriosos laberintos de la mente y hoy ya no es aquel escritor que fue. Su pensamiento se diluye y se recrea ahora en recuerdos inconexos, remotos y fantásticos. Presumo que está inmerso en realidades más próximas a aquellas florecitas amarillas que llovieron en Macondo cuando murió José Arcadio Buendía o a las cruces de aquel Miércoles de Ceniza que permanecieron de forma indeleble en las frentes de los diecisiete hijos del coronel.
El García Márquez que hoy se aleja, sin embargo, nos dejó su grandeza por escrito y para siempre. Hoy, es un vivo ejemplo de la obligación de todo hombre de dejar un legado, de gastarse la vida para cuando esta se nos apague, de la importancia de permanecer. García Márquez nos dejó sus obras para permitirnos vivir mundos mejores y para engrandecernos el espíritu. Desde este humilde espacio de opinión, mi admiración y mi homenaje a ese gigante inmortal de las letras latinoamericanas, a quien sus amigos llaman el Gabo.
@GamezArcaya

Expertos en destrucción

 

VENECONOMIA 11 de Julio2012

En la maraña del tejido castro comunista que se adelanta en Venezuela, se ha perdido el espíritu emprendedor, industrializador y progresista de hace cinco décadas reflejado, entre otros, el 9 de julio de 1962, cuando se registró la primera colada de acero de la Siderúrgica del Orinoco (SIDOR) en Ciudad Guayana.
Era un logro de los gobiernos venezolanos de las décadas de los 50 y 60, que se habían empeñado en hacer realidad el pase de un país explotador de materia prima (hierro) a un país productor y exportador de un producto con alto valor agregado como lo es el acero.
VenEconomía hace honor a grandes hombres que hicieron posible esta gran hazaña industrial, tales como Argenis Gamboa, el general Rafael Alfonzo Ravard, Enrique Tejera París y César Mendoza, entre otros. Ellos, y todo un equipo de cientos de hombres y mujeres venidos de distintas regiones del país y del exterior, visualizaban en el acero una alternativa plausible al petróleo, como fuente de progreso del país, y con éste el desarrollo de una importante región venezolana, rica en minerales y fuentes de energía.
Durante tres décadas la acería mostró avances y retrocesos, tanto en lo económico como en sus proyectos, sin lograr desarrollar todo su potencial. En 1996, se llevó a cabo la privatización de SIDOR, cuando el Fondo de Inversiones de Venezuela vendió vía licitación pública, 70% del capital a un accionista privado –el Consorcio Amazonia liderado por la empresa argentina Ternium/Techint. Adicionalmente, se les asignó 20% a los trabajadores, reservando el restante 10% para ofertarlo a todos los venezolanos a través de la bolsa.
En manos del Consorcio Amazonia, SIDOR vivió su década dorada. Las metas fueron cumplidas ampliamente, tanto con la inversión de $947 millones, incorporación de nuevas tecnologías y avances laborales se llevó a la empresa a aumentar la producción de acero a 4,3 millones de toneladas líquidas para 2007.
Trágicamente, para la acería, para los accionistas, para sus trabajadores y, sobre todo, para el país, el Gobierno de Chávez re estatizó SIDOR utilizando para ello la manida maniobra de “conflictos” sindicales. Como expertos en máquinas de destrucción, los “nuevos dueños” llevaron a SIDOR a la ruina, como han hecho con toda empresa que ha caído en las manos de la gerencia castrochavista.
La “nueva” SIDOR, adolece de los males que trae esta revolución: Objetivos políticos sobre los intereses de la Nación, destrucción de la producción, corrupción a granel, promesas incumplidas con los trabajadores y con los venezolanos. Amén que a diferencia de las otras estatizaciones y/o expropiaciones de este Gobierno, se le pagó al Consorcio Amazonia el valor por sus acciones, pero a los trabajadores tenedores de las acciones Clase B, se les dejó guindando.
Hoy SIDOR produce menos de dos millones de toneladas por año. La desinversión y la falta de gerencia calificada hacen mella en las operaciones, sus ingresos no alcanzan para cubrir sus costos y los conflictos laborales son tema del día a día.
A 50 años de la primera colada de SIDOR, el compromiso de los venezolanos debe ser retornarla a los sueños de progreso y modernidad el 7-O.

El árbol de manzanas

 

Hace mucho tiempo existía un enorme árbol de manzanas. Un pequeño niño lo amaba mucho y todos los días jugaba alrededor de él. Trepaba al árbol hasta el tope y el le daba sombra. Amaba al árbol y el árbol amaba al niño.
Pasó el tiempo y el pequeño niño creció y  nunca más volvió a jugar alrededor del enorme árbol.
Un día el muchacho regresó  y escuchó que el árbol le dijo triste: "¿Vienes a jugar conmigo?"

  El muchacho contestó "Ya no soy el niño de antes que jugaba alrededor de enormes árboles. Lo que ahora quiero son juguetes y necesito dinero para comprarlos".
"Lo siento, dijo el árbol, pero no tengo dinero... Te sugiero que tomes todas mis manzanas y las vendas. De esta manera obtendrás el dinero para tus juguetes".
El muchacho se sintió muy feliz.Tomó todas las manzanas y obtuvo el dinero y el árbol volvió a ser feliz.
Pero el muchacho nunca volvió después de obtener el dinero y el árbol volvió a estar triste.
Tiempo después, el muchacho regresó y el árbol se puso feliz y le preguntó:
"¿Vienes a jugar conmigo?" "No tengo tiempo para jugar. Debo de trabajar para mi familia. Necesito una casa para compartir con mi esposa e hijos.
¿Puedes ayudarme?"... " Lo siento,  no tengo una casa, pero... puedes cortar mis ramas y construir tu casa".
El joven cortó todas las ramas del árbol y esto hizo feliz nuevamente al árbol, pero el joven nunca más volvió desde esa vez y el árbol volvió a estar triste y solitario.
Cierto día de un cálido verano, el hombre regresó y el árbol estaba encantado. "Vienes a jugar conmigo?  preguntó el árbol. El hombre contestó "Estoy triste y volviéndome viejo. Quiero un bote para navegar y descansar. ¿Puedes darme uno?". El árbol contestó: "Usa mi tronco para que puedas construir uno y así puedas navegar y ser feliz". El hombre cortó el tronco y construyó su bote. Luego se fue a navegar por un largo tiempo.
Finalmente regresó después de muchos años y el árbol le dijo: "Lo siento mucho, pero ya no tenga nada que darte ni siquiera manzanas". El hombre replicó "No tengo dientes para morder, ni fuerza para escalar...Porque ya estoy viejo".
El árbol con lágrimas en sus ojos le dijo, "Realmente no puedo darte nada.... la única cosa que me queda son mis raíces muertas". Y el hombre contestó: "Yo no necesito mucho ahora, solo un lugar para descansar”, Estoy tan cansado después de tantos años". "Bueno, las viejas raíces de un árbol son el mejor lugar para recostarse y descansar. Ven, siéntate conmigo y descansa".
El hombre se sentó junto al árbol y este, feliz y contento, sonrió con lágrimas.
Esta puede ser la historia de cada uno de nosotros.

El árbol representa a nuestros padres.

Cuando somos niños, los amamos y jugamos con papá y mamá...
Cuando crecemos los dejamos .....sólo regresamos a ellos cuando los necesitamos o estamos en problemas...

No importa lo que sea, ellos siempre están allí para darnos todo lo que puedan y hacernos felices.

Puedes pensar que el muchacho es cruel con el árbol, pero es así como tratamos a nuestros padres...
Valoremos a nuestros padres mientras los tengamos a nuestro lado y si ya no están, que la llama de su amor viva por siempre en nuestro corazón y su recuerdo nos dé fuerza cuando estemos cansados...
 

Anónimo